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Salud inmunitaria infantil

Otros NombresDeficiencia inmunitaria adaptativa (pediátrica)
Remedios Naturales10
Ingredientes37
Tabla de contenidos

Otros Nombres

Deficiencia inmunitaria adaptativa (pediátrica)Síndromes de deficiencia de anticuerposEnfermedad autoinmune (pediátrica)Inmunodeficiencia celular (pediátrica)Maduración del sistema inmunitario infantilInmunodeficiencia infantilInmunodeficiencia combinada (pediátrica)Inmunodeficiencia Variable Común (IVC)Inmunodeficiencia congénitaDeficiencia Inmunitaria Humoral (Pediátrica)Deficiencia Inmunitaria en NiñosDesarrollo inmunitario en los niñosDesregulación inmunitaria (pediátrica)Ontogenia inmunitariaEnfermedades del sistema inmunitario (pediátricas)Inmadurez del sistema inmunitario (pediátrico)Trastornos de inmunodeficiencia en niñosSíndromes de Deficiencia InmunológicaCompetencia Inmunológica (Pediátrica)Errores Innatos de la Inmunidad (EII)Inmunodeficiencia infantilDefectos de la Inmunidad Innata (Pediátrico)Transferencia de anticuerpos maternosDeficiencia inmunitaria neonatalInmunidad Pasiva (Recién Nacido)Alergia e Inmunología PediátricaFunción inmunitaria pediátricaSalud inmunológica pediátricaDesarrollo del sistema inmunitario pediátricoInmunología pediátricaInmunodeficiencia primaria pediátricaInmunodeficiencia primaria (IDP)Trastornos primarios de regulación inmunitaria (PIRD, por sus siglas en inglés)Inmunodeficiencia primaria (IDP)Enfermedades de inmunodeficiencia primariaTrastornos de inmunodeficiencia primaria (TIDP)Infecciones recurrentes en niñosInmunodeficiencia secundaria en niñosInmunodeficiencia combinada grave (IDCG)Susceptibilidad a Infecciones (Pediátrica)

Sinopsis

Salud inmunológica infantil: una referencia nutricional y de salud natural

1. Definición y panorama general

La salud inmunológica infantil se refiere a la integridad funcional y la adecuación del desarrollo del sistema inmunitario durante la infancia — un período que abarca desde el nacimiento hasta la adolescencia, durante el cual las defensas del cuerpo experimentan una maduración continua. El sistema inmunitario pediátrico es una red dinámica y en evolución, crucial para proteger a los niños de infecciones y enfermedades; a diferencia de los adultos, las respuestas inmunitarias de los niños se caracterizan por una interacción única entre la inmunidad innata y la adaptativa, moldeada por factores genéticos y ambientales. Debido a que este sistema aún está en formación, la manera en que se apoya —mediante la nutrición, el microbioma temprano, el estilo de vida y las intervenciones naturales específicas— tiene implicaciones no solo para la susceptibilidad a infecciones a corto plazo, sino también para la programación inmunológica a largo plazo.

La nutrición en las primeras etapas de la vida es un determinante clave del desarrollo de la microbiota intestinal infantil, la maduración inmunitaria y los resultados de salud a largo plazo. El estudio de la salud inmunológica infantil en un contexto nutricional y de salud natural abarca, por tanto, los micronutrientes, macronutrientes, agentes botánicos, patrones dietéticos y factores de estilo de vida que la literatura revisada por pares ha examinado en relación con el desarrollo inmunitario, la reactividad inmunitaria y la susceptibilidad a infecciones.

2. Cómo se presenta el sistema inmunitario pediátrico: características clave del desarrollo

2.1 Inmunidad innata frente a adaptativa en las primeras etapas de la vida

Los lactantes dependen más de la inmunidad innata —la respuesta inmunitaria inmediata pero no específica— debido al sistema inmunitario adaptativo subdesarrollado. Los lactantes son capaces de generar respuestas inmunitarias adaptativas, pero su capacidad para desarrollar inmunidad duradera es limitada; por ello, comprender las particularidades del sistema inmunitario adaptativo neonatal es fundamental para orientar el diseño de intervenciones inmunológicas en las primeras etapas de la vida.

Aunque los linfocitos T CD4 y CD8 positivos se establecen alrededor de la semana 15 de embarazo, y ya hay linfocitos T maduros presentes en el recién nacido, estos difieren de los linfocitos T del adulto por ser más tolerogénicos e hiporrespondedores a los antígenos. En el recién nacido, y durante los primeros meses de vida, aproximadamente el 40% de los linfocitos B circulantes son células B1, que solo producen IgM de baja afinidad, y más adelante en la vida son reemplazadas por los linfocitos B2 convencionales.

2.2 Inmunidad materna pasiva y su disminución

Los recién nacidos reciben anticuerpos de sus madres, lo que proporciona protección inicial; esta inmunidad pasiva disminuye con el tiempo a medida que el propio sistema inmunitario del niño asume el control. Debido a que los recién nacidos y los niños pequeños tienen un sistema inmunitario subdesarrollado e inmaduro, deben depender, al menos parcialmente, de los factores inmunitarios proporcionados por la madre.

2.3 Presentación clínica de la competencia inmunitaria reducida en los niños

El sistema inmunitario de los niños aún está en desarrollo, lo que los hace más susceptibles a infecciones que los adultos. En la literatura, la salud inmunitaria deficiente en los niños se presenta de manera general como una mayor frecuencia y gravedad de las infecciones del tracto respiratorio, infecciones gastrointestinales y afecciones cutáneas. La malnutrición, por ejemplo, se asocia con una función alterada de la barrera intestinal, una secreción exocrina reducida de sustancias protectoras y niveles bajos de complemento plasmático; el tejido linfático, particularmente el timo, sufre atrofia, y las respuestas de hipersensibilidad de tipo tardío se ven reducidas.

2.4 La ventana de memoria inmunológica

El sistema inmunitario del niño conserva la memoria de infecciones y vacunaciones previas, lo que permite respuestas más rápidas y eficaces frente a patógenos conocidos. Durante las primeras etapas del desarrollo, el sistema inmunitario experimenta una maduración significativa, adaptándose a diversos patógenos mientras establece memoria inmunológica. Este proceso ocurre de manera gradual durante los primeros años de vida, con el microbioma intestinal desempeñando un papel facilitador central.

3. Sistemas corporales involucrados

La salud inmunológica infantil no se limita a un único sistema orgánico. Los principales sistemas involucrados incluyen:

  • Sistema linfático: El timo, los ganglios linfáticos, el bazo y el tejido linfoide asociado a las mucosas (MALT) son sitios primarios de desarrollo y actividad de las células inmunitarias. La atrofia tímica es una consecuencia bien establecida de la malnutrición en los niños.
  • Sistema gastrointestinal y microbioma intestinal: El desarrollo del microbioma del lactante durante los primeros años de vida es fundamental para la maduración del sistema inmunitario, y existe evidencia que sugiere que las exposiciones microbianas tempranas son clave para entrenar a las células inmunitarias a distinguir entre antígenos dañinos e inocuos.
  • Barreras mucosas: Las mucosas respiratoria y gastrointestinal representan la principal interfaz entre los patógenos y el sistema inmunitario del niño. El ácido ascórbico apoya la barrera epitelial contra la entrada de patógenos y las funciones celulares de los sistemas inmunitarios innato y adaptativo.
  • Sistemas endocrino y metabólico: El estado nutricional, los niveles hormonales (incluida la vitamina D como hormona secosteroidea) y la salud metabólica modulan todos ellos la respuesta inmunitaria. Se ha demostrado que una ingesta óptima de nutrientes modula la maduración inmunitaria y la respuesta a la inflamación, probablemente mediada por la composición y función de la microbiota intestinal y a través de mecanismos epigenéticos.

4. Factores contribuyentes y asociados

4.1 Malnutrición y desnutrición

Los niños desnutridos tienen un mayor riesgo de morir, y la mayoría de las muertes son causadas por enfermedades infecciosas; un mecanismo detrás de esto podría ser la función inmunitaria alterada, aunque esta deficiencia inmunitaria asociada a la malnutrición no había sido revisada sistemáticamente con anterioridad. Una revisión sistemática de referencia publicada en PLOS ONE (Universidad de Copenhague / Hospital Universitario de Copenhague, 2014) revisó 3402 artículos, de los cuales 245 cumplieron los criterios de inclusión. Se encontró que la malnutrición se asocia con una función alterada de la barrera intestinal, una secreción exocrina reducida de sustancias protectoras y niveles bajos de complemento plasmático; el tejido linfático, particularmente el timo, sufre atrofia, y las respuestas de hipersensibilidad de tipo tardío se ven reducidas.

4.2 Composición del microbioma intestinal

El desarrollo de la ecología de la microbiota es paralelo al del sistema inmunitario de la mucosa intestinal; la evidencia acumulada muestra que las perturbaciones en la microbiota intestinal durante las primeras etapas de la vida, mientras el sistema inmunitario aún está en desarrollo, pueden tener efectos duraderos en la salud inmunitaria local y sistémica.

El estudio TEDDY, una amplia cohorte prospectiva, identificó fases distintas en el desarrollo del microbioma infantil: una fase de desarrollo (3–14 meses) caracterizada por cambios rápidos en la composición del microbioma, fuertemente influenciada por el modo de nacimiento y la lactancia; una fase de transición (15–20 meses) durante la cual los cambios dietéticos, como la introducción de alimentos sólidos, desempeñan un papel crucial; y una fase estable (31–46 meses) en la que el microbioma alcanza un estado más estable y maduro, similar al de la microbiota de un adulto.

La infancia es un período crítico para el desarrollo del sistema inmunitario, el cual está muy influenciado por el microbioma intestinal; varios factores afectan la composición y la diversidad del microbioma intestinal, entre ellos la lactancia materna, la alimentación con fórmula y la introducción de alimentos sólidos. Existe evidencia creciente de que las alteraciones en el microbioma temprano pueden dar lugar a afecciones alérgicas e intolerancias alimentarias.

4.3 Modo de alimentación en la infancia

La lactancia materna es reconocida como uno de los factores más influyentes en la composición del microbioma intestinal durante la infancia; se han observado de manera constante diferencias en las comunidades microbianas intestinales entre lactantes amamantados y alimentados con fórmula, y se plantea la hipótesis de que estas diferencias median parcialmente las relaciones entre la lactancia materna y la disminución del riesgo de numerosas enfermedades transmisibles y no transmisibles en las primeras etapas de la vida.

La lactancia materna y el consumo de alimentos ricos en fibra y fermentados favorecen una microbiota beneficiosa, mientras que las dietas ricas en grasas y azúcares, los xenobióticos y los aditivos artificiales pueden promover la disbiosis. Los esfuerzos por acortar la brecha entre la leche materna y la fórmula han dado lugar al desarrollo de fórmulas enriquecidas que contienen oligosacáridos de la leche humana (HMO), probióticos, prebióticos y posbióticos; varios estudios han demostrado que la composición de la microbiota intestinal de los lactantes que consumen fórmulas modernas enriquecidas con prebióticos se asemeja más a la de los lactantes amamantados, con mayor abundancia relativa de Bifidobacterium.

4.4 Deficiencia de micronutrientes

La deficiencia de hierro es frecuente y da lugar a anemia ferropénica, asociada con una disminución de la respuesta inmunitaria frente a infecciones, fatiga y alteración de la respuesta al estrés metabólico, disminución de las funciones cognitivas y afectación del crecimiento; la deficiencia de hierro se diagnostica cuando los niveles de ferritina sérica son inferiores a 12 µg/L en niños menores de 5 años, o inferiores a 15 µg/L en aquellos de 5 años o más.

Los micronutrientes con la evidencia más sólida para el apoyo inmunitario son las vitaminas C y D y el zinc.

4.5 Actividad física y comportamiento sedentario

El ejercicio tiene efectos beneficiosos sobre los síntomas del síndrome metabólico y la inflamación sistémica de bajo grado en niños obesos; un estudio italiano demostró reducciones significativas en neutrófilos, proteína C reactiva, IL-6, IL-8 y otros marcadores inflamatorios en niños obesos físicamente activos en comparación con los sedentarios.

4.6 Sueño

El sueño es esencial para sostener las funciones y la salud del cuerpo, incluida la actividad del sistema inmunitario. La investigación ha vinculado la duración insuficiente del sueño en los niños con perfiles de citocinas alterados y un mayor riesgo de obesidad y desregulación metabólica, ambos factores que afectan indirectamente la competencia inmunitaria.

5. Nutrientes estudiados en relación con la salud inmunológica infantil

5.1 Vitamina D

Fundamento mecanístico: Una mayor exposición a la vitamina D in vitro induce una respuesta inmunitaria más tolerogénica al incrementar la expresión génica de las células T reguladoras y afectar los subtipos de células T y la producción de citocinas. La vitamina D y la homeostasis del zinc están vinculadas bioquímicamente: la homeostasis del zinc y el funcionamiento de la vitamina D están relacionados; el zinc intensifica la actividad de promotores específicos dependientes de la vitamina D3, mientras que la vitamina D aumenta la expresión de transportadores de zinc como ZnT10, contribuyendo a mantener la homeostasis del zinc.

Evidencia científica (estudios en humanos/clínicos): Un estudio transversal en niños sanos de 1.8 a 5.9 años (n = 457) y un ensayo aleatorizado de 12 semanas con alimentos fortificados con vitamina D en niños de 1.8 a 8.7 años (n = 77) en Montreal, Canadá, examinaron las relaciones entre el estado de vitamina D y la función inmunitaria. Los pocos ensayos previos que investigaron si la suplementación con vitamina D o la fortificación de alimentos afectan la función inmunitaria se centraron en la incidencia o la gravedad de las infecciones; un ensayo mostró una reducción de las infecciones agudas del tracto respiratorio superior (IRTS), mientras que un metaanálisis reciente de ensayos de suplementación en niños menores de 5 años concluyó que la intervención con vitamina D no tuvo efecto sobre la incidencia de enfermedad. Por lo tanto, la evidencia es mixta, y estos estudios dejan una importante brecha de conocimiento en niños respecto a otros posibles resultados inmunitarios relacionados con la vitamina D, incluidas las citocinas inflamatorias o los cambios en las concentraciones de leucocitos en sangre.

En un contexto pediátrico relacionado con la COVID-19, se informó que la suplementación con vitamina D disminuyó la progresión de la enfermedad en pacientes pediátricos; estos estudios sugieren el uso de suplementación con vitamina D en dosis de 1000 UI/día para niños menores de 1 año, o 2000 UI/día para niños de 1 a 17 años, sin efectos secundarios graves observados. Esto representa evidencia preliminar proveniente de un contexto clínico específico y no debe generalizarse.

Fuerza de la evidencia: Mixta a preliminar; la evidencia de una reducción significativa en la incidencia de infecciones en niños generalmente sanos y con niveles suficientes de vitamina D no está bien establecida. El beneficio es más plausible en poblaciones deficientes.

5.2 Vitamina C (ácido ascórbico)

Fundamento mecanístico: La vitamina C es importante para una buena función inmunitaria cuando forma parte de una dieta saludable y completa; actúa como antioxidante que protege las células del daño, tiene propiedades antimicrobianas y ayuda al cuerpo a producir anticuerpos que resisten los gérmenes dañinos. El ácido ascórbico es un micronutriente hidrosoluble con propiedades antioxidantes que desempeña un papel crucial en el sistema inmunitario, apoyando la barrera epitelial contra la entrada de patógenos y las funciones celulares de los sistemas inmunitarios tanto innato como adaptativo.

Deficiencia en niños: La deficiencia de vitamina C puede comenzar con síntomas leves como cansancio o fatiga; la deficiencia en lactantes puede provocar anomalías óseas, como un crecimiento óseo deficiente y un desarrollo esquelético alterado.

Evidencia científica: Históricamente, la importancia de los micronutrientes en el sistema inmunitario se basó en la deficiencia de vitamina C y la aparición del escorbuto; en el primer ensayo clínico controlado registrado, publicado en 1753, James Lind demostró que quienes consumían frutas cítricas presentaban la recuperación más notable del escorbuto. En estudios pediátricos modernos, la vitamina C ha servido como comparador activo (por ejemplo, en ensayos con equinácea) en lugar de como intervención principal, lo que limita la evidencia directa sobre los efectos de la suplementación en niños que ya tienen niveles adecuados.

Fuerza de la evidencia: El papel de la vitamina C en la prevención de la disfunción inmunitaria relacionada con la deficiencia está bien establecido. La evidencia de que la suplementación más allá de la ingesta dietética adecuada reduce significativamente las infecciones en niños sanos es débil.

5.3 Zinc

Fundamento mecanístico: El zinc es esencial para la integridad del sistema inmunitario, con un papel importante en el mantenimiento, desarrollo y activación de las células durante las respuestas inmunitarias innata y adaptativa; también desempeña un papel en la integridad de las barreras epiteliales, esenciales para la defensa del organismo y la prevención de la entrada de patógenos.

Evidencia científica — diarrea (base de evidencia sólida): Una revisión sistemática y metaanálisis de 2024 encargada por la OMS revisó 38 ECA sobre suplementación con zinc en niños menores de 10 años con diarrea aguda o persistente. En niños con diarrea aguda, la suplementación con zinc dio lugar a una mayor proporción de niños recuperados en el último seguimiento (RR = 1.07; IC del 95% = 1.03–1.1; certeza moderada de la evidencia) y a una reducción de la duración de la diarrea (DM = −13.27 horas; IC del 95% = −17.66 a −8.89; certeza moderada de la evidencia). Basándose en estos resultados, la OMS y UNICEF recomiendan la suplementación oral con zinc como tratamiento universal para todos los niños con diarrea aguda. Sin embargo, según la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN, por sus siglas en inglés), no existe suficiente evidencia para respaldar su uso rutinario en niños con diarrea aguda que viven en Europa, donde la deficiencia de zinc es poco frecuente.

Evidencia científica — infecciones respiratorias (evidencia mixta/negativa): La evidencia actual de la OMS sugiere que la suplementación con zinc no es eficaz en la prevención o el tratamiento de la neumonía. Hasta la fecha, los estudios que evalúan la suplementación con zinc para el tratamiento de la neumonía se han centrado específicamente en la recuperación de los síntomas respiratorios, con una relativa escasez de datos sobre otros resultados importantes, como el fracaso del tratamiento antibiótico, la necesidad de hospitalización, la escalada a cuidados intensivos y las muertes relacionadas con infecciones del tracto respiratorio inferior.

Fuerza de la evidencia: Certeza moderada de beneficio en el manejo de la diarrea aguda, particularmente en contextos de países de ingresos bajos y medios. La evidencia para la prevención o el tratamiento de infecciones respiratorias no es actualmente favorable.

5.4 Hierro

La deficiencia de hierro es frecuente y da lugar a anemia ferropénica, asociada con una disminución de la respuesta inmunitaria frente a infecciones, fatiga y alteración de la respuesta al estrés metabólico, disminución de las funciones cognitivas y afectación del crecimiento. La suplementación combinada de hierro y vitamina A redujo la incidencia de enfermedades relacionadas con diarrea e infecciones respiratorias en niños preescolares chinos. La evaluación del estado del hierro en niños con infecciones activas se complica por el hecho de que la ferritina sérica, como biomarcador para evaluar el estado del hierro, solo puede utilizarse en pacientes sin inflamación.

Fuerza de la evidencia: Está bien establecido que la deficiencia de hierro afecta la función inmunitaria. No existe evidencia de que la suplementación en niños con niveles adecuados de hierro proporcione un beneficio inmunitario adicional.

5.5 Ácidos grasos omega-3

Los ácidos grasos omega-3, con propiedades antiinflamatorias, ayudan a regular la respuesta inmunitaria, y su deficiencia puede dar lugar a reacciones desequilibradas e inflamación crónica. Los ácidos grasos de cadena larga omega-3 de la dieta, los prebióticos y los micronutrientes son beneficiosos para el sistema inmunitario.

Un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo en escolares sudafricanos con deficiencia de hierro encontró que los AGPI n-3 de cadena larga redujeron la morbilidad respiratoria causada por la suplementación con hierro en escolares sudafricanos con deficiencia de hierro (publicado en American Journal of Clinical Nutrition, 2015).

Fuerza de la evidencia: Preliminar. Los ácidos grasos omega-3 tienen mecanismos plausibles en la regulación inmunitaria, y algunos datos clínicos respaldan la reducción de marcadores inflamatorios; sin embargo, faltan ECA de gran tamaño y dedicados en niños generalmente sanos.

5.6 Vitamina A

La vitamina A es un micronutriente bien establecido para la función inmunitaria en los niños, particularmente reconocido en el contexto de la deficiencia en países de bajos ingresos. Se deben ofrecer alimentos ricos en vitamina A, junto con zinc, hierro, cobre, selenio y vitaminas D, E, del grupo B y C, para estimular la función inmunitaria en los niños. La deficiencia de vitamina A es reconocida por la OMS y UNICEF como un contribuyente significativo a la mortalidad infantil por enfermedades infecciosas en poblaciones deficientes, aunque esta fuente de referencia no se recuperó directamente en su totalidad en esta búsqueda.

Fuerza de la evidencia: Evidencia sólida para la corrección de la deficiencia; el beneficio en poblaciones con niveles adecuados no está respaldado.

5.7 Proteínas y aminoácidos

Las proteínas son esenciales para el correcto funcionamiento de las células inmunitarias, incluidas las células T y B, e influyen en la producción de citocinas que regulan las respuestas inmunitarias; el sistema del complemento, involucrado en la inflamación y la destrucción de patógenos, también requiere una cantidad suficiente de proteína; además, las proteínas contribuyen a la cicatrización de heridas, y su deficiencia puede afectar la reparación tisular. Las deficiencias de proteínas y aminoácidos pueden comprometer las funciones inmunitarias innata y adaptativa, particularmente tras una lesión o durante una enfermedad.

6. Hierbas e ingredientes naturales: uso tradicional y evidencia científica

6.1 Equinácea (Echinacea purpurea, E. angustifolia, E. pallida)

Uso tradicional: Las especies de equinácea fueron utilizadas por numerosos pueblos indígenas de América del Norte —incluidas las tribus de las llanuras— como remedio para infecciones, heridas, mordeduras de serpiente y diversas afecciones inflamatorias. Se adoptó en la medicina herbaria occidental a finales del siglo XIX, principalmente para la "purificación de la sangre" y el apoyo inmunitario durante resfriados y fiebres, preparándose comúnmente como tintura o decocción de la raíz o las partes aéreas.

Evidencia científica — adultos y niños: Un estudio reciente encontró que la equinácea podría reducir la probabilidad de infección del tracto respiratorio y complicaciones asociadas en niños, pero, en general, no hay suficiente evidencia para respaldar una conexión clara, según el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa (NCCIH) de los NIH.

Un ensayo clínico aleatorizado, ciego y controlado de 2021 (Ogal et al., publicado en European Journal of Medical Research) examinó el extracto de Echinacea purpurea (comprimidos Echinaforce® Junior, 400 mg) frente a 50 mg de vitamina C como control activo, administrados tres veces al día durante dos períodos de dos meses en niños de 4 a 12 años. En conjunto, se registraron 429 días de resfriado en 103 niños con equinácea, en comparación con 602 días en 98 niños con vitamina C (p < 0.001); la equinácea previno el 32.5% de los episodios de IRTS, dando lugar a un odds ratio de OR = 0.52 (IC del 95% 0.30–0.91, p = 0.021).

Un metaanálisis de 30 estudios clínicos que abarcó a 5652 participantes encontró que la equinácea redujo las infecciones respiratorias virales en un 32%, y la progresión a complicaciones secundarias y la necesidad posterior de antibióticos en hasta un 56% y un 71%, respectivamente (p < 0.05). Los beneficios preventivos frente a las IRTS se atribuyeron principalmente a los efectos antivirales de la equinácea, con múltiples compuestos fitoquímicos que demostraron interferir con las interacciones entre ligandos del patógeno y receptores del huésped; se revelaron acciones antiinflamatorias e inmunomoduladoras en condiciones in vitro y ex vivo.

Una investigación reciente patrocinada por el NCCIH sugiere que la actividad de los extractos de equinácea está influenciada por las condiciones del suelo que afectan la comunidad bacteriana de la planta, lo que resalta la importancia de la estandarización y el abastecimiento a la hora de interpretar los resultados de los estudios.

Fuerza de la evidencia: Preliminar a moderada. Aunque algunos ECA y metaanálisis muestran beneficio en la reducción de la frecuencia y las complicaciones de las IRTS en niños, la heterogeneidad de las formulaciones, preparaciones y poblaciones limita las conclusiones firmes. El NCCIH caracteriza la evidencia como insuficiente para establecer una conexión clara.

6.2 Baya de saúco (Sambucus nigra)

Uso tradicional: La medicina popular europea tiene una tradición de siglos en el uso de las flores y bayas del saúco como remedios para resfriados, fiebre y molestias respiratorias. Las preparaciones incluían jarabes, vinos, infusiones y cataplasmas. Las bayas también se utilizaron en la medicina tradicional nórdica y centroeuropea para apoyar al organismo durante enfermedades febriles.

Evidencia científica: La baya de saúco se ha utilizado tradicionalmente para prevenir y tratar problemas respiratorios. Una revisión sistemática publicada en BMC Complementary Medicine and Therapies (PMC, 2021) examinó la baya de saúco para la prevención y el tratamiento de enfermedades respiratorias virales. Existe evidencia de baja certeza de que una menor proporción de personas que recibieron un producto de equinácea/saúco pueden recuperarse después de un día en comparación con las personas que recibieron oseltamivir (RR 0.36, IC del 95% 0.10 a 1.30), evidencia de baja certeza de escasas o nulas diferencias en las tasas de recuperación a los tres días (RR 1.03, IC del 95% 0.85–1.25), y evidencia de certeza moderada de que no hay diferencia a los cinco días (RR 1.06, IC del 95% 0.99–1.14).

Un metaanálisis citado por el NCCIH (Complementary Therapies in Medicine, 2019) encontró que la suplementación con baya de saúco negro (Sambucus nigra) trató eficazmente los síntomas de las vías respiratorias superiores en diversos ensayos clínicos aleatorizados y controlados. La mayoría de los ensayos de la literatura se han realizado en adultos, y durante la pandemia de COVID-19 surgió interés en los suplementos de saúco para tratar o prevenir la enfermedad, pero también preocupación de que el saúco pudiera sobreestimular el sistema inmunitario y aumentar el riesgo de "tormenta de citocinas". La evidencia clínica específica en población pediátrica sigue siendo escasa.

Fuerza de la evidencia: Certeza baja en general; datos predominantemente de adultos; falta evidencia específica en población pediátrica. El uso tradicional está bien documentado, pero la base de evidencia clínica es limitada y de calidad mixta.

6.3 Probióticos y moduladores del microbioma intestinal

Uso tradicional: Los alimentos fermentados —incluidos el yogur, el kéfir, el chucrut y el miso— se han consumido en diversas culturas durante milenios, y las cualidades beneficiosas para la salud de estos alimentos se reconocieron mucho antes de las ciencias microbianas. Su uso en el apoyo a la salud digestiva y general de los niños está integrado en las dietas tradicionales de todo el mundo.

Evidencia científica: Los probióticos etiquetados como "bifidobacterias de tipo infantil" (ITB, por sus siglas en inglés), como las cepas de B. longum subsp. infantis, han recibido una atención considerable en los últimos años por su potencial para influir positivamente en el microbioma intestinal, el desarrollo temprano del sistema inmunitario y, en consecuencia, la salud futura. Sin embargo, persisten importantes brechas de conocimiento respecto al impacto clínico real, las cepas óptimas, los regímenes de dosificación y la duración del tratamiento.

En cuanto a la inflamación, un metaanálisis más amplio de 167 ensayos clínicos con adultos y niños encontró que los pro- y sinbióticos fueron eficaces para reducir la PCR y el TNF-α tanto en sujetos sanos como enfermos, aunque también se observó una reducción de otros marcadores proinflamatorios específicos dependiente de la enfermedad. Sin embargo, la evidencia de los ensayos clínicos de que probióticos específicos mejoran la salud se ve comprometida por la gran cantidad de probióticos diferentes evaluados, con pocos estudios que evalúan las mismas cepas; también existe una diversidad considerable en los participantes reclutados y los marcadores inflamatorios medidos.

En cuanto a la dermatitis atópica (eczema) —una afección mediada por el sistema inmunitario común en los niños—, una revisión sistemática y metaanálisis de ECA de 2024 encontró que algunos estudios sugieren que los probióticos pueden reducir las puntuaciones SCORAD (gravedad) en niños con dermatitis atópica, mientras que otros estudios no han encontrado diferencias significativas entre los grupos experimental y de placebo. Los estudios han asociado la creciente prevalencia de trastornos alérgicos pediátricos con una alteración gradual de la microbiota gastrointestinal de los lactantes; revisiones previas han demostrado un efecto preventivo de algunos probióticos sobre el desarrollo del eczema; estos hallazgos concuerdan con investigaciones que sugieren que los cambios en el microbioma intestinal del lactante modulan el sistema inmunitario, influyendo potencialmente no solo en las enfermedades alérgicas y atópicas, sino también en las infecciones, las afecciones inflamatorias y los trastornos autoinmunitarios en general.

En relación con la diarrea, revisiones Cochrane (Collinson et al., 2020; Guo et al., 2019) han examinado los probióticos para el tratamiento de la diarrea infecciosa aguda y para la prevención de la diarrea asociada a antibióticos en niños. Un metaanálisis de 2025 señaló que los probióticos pueden reducir la duración de la diarrea en niños con desnutrición aguda grave. Los estudios mecanísticos sugieren que los probióticos pueden mejorar la recuperación nutricional a través de varias vías: modulando la composición de la microbiota intestinal, mejorando la integridad de la barrera mucosa, promoviendo la absorción de nutrientes y regulando las respuestas inmunitarias mediante ácidos grasos de cadena corta (AGCC) y otros metabolitos.

Fuerza de la evidencia: Específica según la cepa y la afección. La evidencia es más sólida para la reducción de la duración de la diarrea y la diarrea asociada a antibióticos. La evidencia para la prevención de afecciones atópicas es preliminar e inconsistente. En general, el campo se ve complicado por una heterogeneidad sustancial en cepas, dosis y medidas de resultado entre los estudios.

6.4 Oligosacáridos de la leche humana (HMO) y prebióticos

Contexto tradicional: La leche humana siempre ha contenido HMO, que constituyen el tercer componente sólido más abundante de la leche materna; su papel inmunomodulador a través del microbioma intestinal recién ahora está siendo caracterizado científicamente por completo.

Evidencia científica: La leche materna contiene factores que pueden afectar a elementos clave en el desarrollo de la alergia, como la función de la barrera intestinal, la microbiota intestinal y la inducción de la tolerancia oral. Varios estudios han demostrado que la composición de la microbiota intestinal de los lactantes que consumen fórmulas modernas enriquecidas con prebióticos se asemeja más a la de los lactantes amamantados, con una mayor abundancia relativa de Bifidobacterium y una menor abundancia relativa de Enterobacteriaceae y Peptostreptococcaceae.

Fuerza de la evidencia: Cuerpo de evidencia creciente y generalmente positivo sobre la suplementación con HMO y prebióticos en fórmulas; la base de investigación se está expandiendo rápidamente, pero las formulaciones prebióticas óptimas para los resultados inmunitarios en los niños no están completamente definidas.

7. Patrones dietéticos y factores de estilo de vida

7.1 Calidad general de la dieta

Se deben ofrecer alimentos ricos en arginina, glutamina, péptidos bioactivos, ácido docosahexaenoico, prebióticos, zinc, hierro, cobre, selenio y vitaminas (D, A, E, del grupo B, C) para estimular la función inmunitaria en los niños; el asesoramiento nutricional debe comenzar en las primeras etapas de la vida, haciendo hincapié en la importancia de los alimentos con propiedades inmunomoduladoras y promoviendo una alimentación saludable.

La lactancia materna y el consumo de alimentos ricos en fibra y fermentados favorecen una microbiota beneficiosa, mientras que las dietas ricas en grasas y azúcares, los xenobióticos y los aditivos artificiales pueden promover la disbiosis. La modulación dietética de la función inmunitaria en las primeras etapas de la vida es un enfoque importante y relevante, que puede ayudar a apoyar la salud inmunitaria durante los primeros 1000 días de vida.

7.2 La lactancia materna como fundamento dietético

Se recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida, pero muchos lactantes reciben leche extraída, fórmula, leche humana de donante u otras fuentes nutricionales durante este período crítico; existe evidencia sustancial de que la nutrición temprana influye en el desarrollo del microbioma y del sistema inmunitario, afectando la salud a lo largo de toda la vida.

Un estudio amplio y multicéntrico confirmó que el estado de lactancia materna era el factor más significativo asociado con la estructura del microbioma en las primeras etapas de la vida.

7.3 Introducción de alimentos sólidos

Durante la fase de transición del microbioma (15–20 meses), el microbioma comienza a mostrar signos de estabilización, pero aún experimenta cambios significativos en su composición; los cambios dietéticos, como la introducción de alimentos sólidos, desempeñan un papel crucial en esta fase. Varios estudios han demostrado que la lactancia materna favorece un microbioma favorable; en cambio, la alimentación con fórmula y la incorporación temprana de ciertos alimentos sólidos pueden afectar negativamente el desarrollo del microbioma.

7.4 Actividad física

El enfoque principal para prevenir la obesidad infantil es la modificación del estilo de vida, incluida la actividad física; el ejercicio tiene efectos beneficiosos sobre los síntomas del síndrome metabólico y la inflamación sistémica de bajo grado en niños obesos. La capacidad de la actividad física para reducir los marcadores inflamatorios en los niños —incluidos la proteína C reactiva, la IL-6 y la IL-8— se ha demostrado en estudios pediátricos italianos, lo que representa una vía indirecta plausible de apoyo inmunitario.

7.5 Sueño

El sueño es esencial para sostener las funciones y la salud del cuerpo, incluida la actividad del sistema inmunitario. La relación entre el sueño y la función inmunitaria en los niños es un área de investigación activa; datos de cohortes longitudinales (por ejemplo, de la cohorte de nacimiento EDEN) han asociado las trayectorias de duración del sueño con niveles específicos de citocinas séricas a los 5 años de edad, lo que sugiere que un sueño adecuado es uno de los determinantes modificables del estilo de vida que influyen en la competencia inmunitaria en la primera infancia.

8. Brechas en la evidencia y limitaciones de la investigación

En toda la literatura sobre la salud inmunológica infantil en un contexto nutricional, surgen varias limitaciones constantes:

  • Es deseable contar con más información sobre la ingesta dietética óptima (y los niveles en sangre/plasma) necesaria para lograr una acción inmunorreguladora de nutrientes específicos en los niños; se necesitan estudios de intervención bien diseñados que investiguen los efectos de patrones dietéticos completos sobre el sistema inmunitario.
  • La evidencia de los ensayos clínicos de que probióticos específicos mejoran la salud se ve comprometida por la gran cantidad de probióticos diferentes evaluados, con pocos estudios que evalúan las mismas cepas; también existe una diversidad sustancial en cuanto a los participantes reclutados y los marcadores inflamatorios medidos.
  • La mayoría de los estudios sobre suplementación con zinc e infecciones respiratorias se realizaron en países de ingresos bajos y medios, lo que hace que las conclusiones sean más aplicables a esos contextos.
  • Se requiere un mejor diseño de los estudios clínicos en humanos que aborde la dosificación y las combinaciones de micronutrientes en diferentes poblaciones para fundamentar los beneficios de la suplementación con micronutrientes.
  • Persisten importantes brechas de conocimiento respecto al impacto clínico real, las cepas óptimas, los regímenes de dosificación y la duración del tratamiento para las intervenciones con probióticos en lactantes y niños.

Referencias

Remedios Naturales

Remedio 1
Jarabe de saúco: El saúco se ha utilizado tradicionalmente como remedio para el resfriado y la gripe, y es rico en antioxidantes y vitaminas que apoyan el sistema inmunitario y ayudan a aliviar los síntomas de las enfermedades estacionales. Dale a los niños una pequeña cucharada diaria de jarabe de saúco durante la temporada de resfriados y gripe, o ante los primeros signos de congestión nasal; usa una preparación apta para su edad y libre de alcohol.
Remedio 2
Leche Dorada de Cúrcuma: La cúrcuma (curcumina) está cargada de antioxidantes y propiedades antimicrobianas, y tiene una fuerte acción inmunomoduladora, lo que significa que ayuda a moderar la actividad de las células inmunitarias. Mezcla una cucharadita de cúrcuma en una taza de leche tibia y dásela a tu hijo una vez al día — segura para niños a partir de los 9 meses — para ayudar a prevenir resfriados frecuentes y aliviar la congestión.
Remedio 3
Alimentos ricos en probióticos: Una parte significativa del sistema inmunológico reside en el intestino, lo que hace que la salud digestiva sea un componente crucial de la fortaleza inmunológica. Denles a los niños porciones diarias de alimentos ricos en probióticos, como yogur natural, kéfir o miso, para promover un microbioma intestinal saludable que ayude a prevenir que bacterias y virus dañinos causen enfermedades.
Remedio 4
Frutas y verduras coloridas: Las verduras de hoja verde como el kale y el brócoli, y las bayas ricas en antioxidantes como los arándanos azules y las fresas, están cargadas de vitaminas y compuestos que apoyan directamente la función inmunológica. Procura consumir al menos dos porciones de fruta o verdura fresca en cada comida, y minimiza el azúcar y los alimentos procesados poco saludables, que pueden debilitar la respuesta inmunológica.
Remedio 5
Alimentos ricos en zinc: El zinc es un mineral esencial que ayuda a que el sistema inmunológico funcione correctamente y contribuye a que el cuerpo combata patógenos. Incluye alimentos ricos en zinc en la dieta de tu hijo, como carnes magras, frijoles, semillas de calabaza y anacardos — especialmente importante para los niños vegetarianos que podrían no obtener suficiente zinc de fuentes de carne.
Remedio 6
Bebida Tibia de Jengibre, Limón y Miel: Esta bebida tibia clásica alivia el dolor de garganta, calma la tos y ayuda a apoyar el sistema inmunológico gracias a las propiedades antimicrobianas y antioxidantes combinadas de los tres ingredientes. Hierva rodajas de jengibre fresco en agua durante 10 minutos, retire del fuego, luego agregue jugo de limón fresco y una cucharadita de miel — sirva tibio (no caliente) y tenga en cuenta que no es adecuado para niños menores de 1 año debido a la miel.
Remedio 7
Soporte herbal con equinácea y astrágalo: La equinácea es una hierba bien establecida que ha demostrado potenciar la respuesta de anticuerpos del cuerpo y ayudar a acelerar la resolución de infecciones en etapa temprana, mientras que el astrágalo ayuda a regular la respuesta de células T que impide que las infecciones persistan. Use un glicerinado o una tintura sin alcohol, apropiado para la edad y formulado para niños, particularmente durante la temporada de regreso a clases o períodos de alta exposición a enfermedades.
Remedio 8
Sueño de calidad y rutina de horario de sueño constante: El sueño adecuado y regular es uno de los pilares más fundamentales de la salud inmunológica en los niños, ya que la privación de sueño altera el ritmo circadiano y debilita las defensas del cuerpo. Establezca una rutina de horario de sueño constante que garantice las horas de sueño ininterrumpido apropiadas para la edad cada noche, para permitir que el sistema inmunológico se repare y se fortalezca.
Remedio 9
Juego al Aire Libre y Actividad Física Diaria: Se ha demostrado que el ejercicio regular aumenta el recuento de glóbulos blancos y estimula las células natural killer (asesinas naturales), esenciales para el sistema inmunológico. Fomente al menos 30–60 minutos de juego activo al aire libre cada día — jugar en la naturaleza también tiene un efecto reductor del estrés que mejora aún más la función inmunológica.
Remedio 10
El ajo en la dieta: el ajo es un aliado alimenticio tradicional, reconocido en la práctica herbal por su capacidad de aumentar las células asesinas naturales (NK) y ayudar a regular la respuesta de las células T, lo que lo convierte en un poderoso apoyo inmunitario para el día a día. Agrega ajo fresco o ligeramente cocido a sopas, guisos y salsas de manera regular; los niños, por lo general, lo toleran bien cuando se incorpora a comidas familiares sabrosas.

Ingredientes

Estos ingredientes se utilizan frecuentemente en la medicina alternativa para apoyar salud inmunitaria infantil.
  • La 2'-fucosillactosa (2'-FL) es el oligosacárido de la leche humana (HMO) más abundante en la leche materna y es reconocida por favorecer el desarrollo inmunológico del lactante y del niño. Los estudios clínicos en lactantes alimentados con fórmula suplementada con 2'-FL reportaron reducciones en las infecciones y enfermedades informadas por los padres. Actúa como prebiótico y previene la adhesión de patógenos a las superficies epiteliales, modulando la inmunidad asociada al intestino.

  • arabinogalactanoCientífico

    Un estudio clínico de 12 semanas en 507 niños de 3 a 12 años examinó el efecto del arabinogalactano de alerce sobre la salud inmunológica; los niños de 7 a 9 años que consumieron AL mostraron una menor duración de las enfermedades y menos episodios en comparación con los grupos control. Este hallazgo clínico piloto, combinado con datos mecanísticos sobre la activación de células NK y los efectos prebióticos, proporciona un respaldo científico inicial para el uso de AL en la salud inmunológica infantil.

  • bacillus clausiiCientífico

    Estudios clínicos piloto muestran que la administración de B. clausii en niños reduce la frecuencia y duración de las infecciones respiratorias recurrentes y modula los perfiles de citocinas inmunitarias. En niños con rinitis alérgica, B. clausii modifica significativamente el equilibrio de citocinas, alejándolo de la polarización Th2 proalérgica. Los criterios de valoración inmunológicos, incluidos IFN-γ, IL-12, TGF-β e IL-10, se vieron alterados significativamente en estudios pediátricos.

  • beta-glucanoCientífico

    Los betaglucanos son polisacáridos biológicamente activos derivados de levadura, hongos y cereales que preparan las respuestas inmunitarias innatas en niños. Un ECA realizado en 174 niños de 1 a 4 años encontró que el betaglucano de levadura de panadería (35–75 mg/día durante 12 semanas) redujo la duración y el número de infecciones de las vías respiratorias superiores en comparación con el placebo. Una revisión de 2022 confirmó los beneficios inmunomoduladores y de resistencia a infecciones específicos de las poblaciones pediátricas.

  • BifidobacteriumCientífico

    Las especies de Bifidobacterium son organismos probióticos dominantes en el microbioma intestinal infantil y desempeñan un papel fundamental en la maduración del sistema inmunitario y la protección frente a infecciones respiratorias y gastrointestinales. Múltiples ECA y una revisión Cochrane de 2015 encontraron que los suplementos probióticos que contienen Bifidobacterium redujeron la frecuencia y duración de las IRAS, así como el uso de antibióticos, en niños. Un ECA doble ciego de 2025 en niños con IR recurrentes confirmó un beneficio clínico significativo.

  • B. animalis subsp. lactis BB-12 ha sido documentada en múltiples ensayos clínicos en lactantes y niños en relación con desenlaces inmunitarios, incluyendo la reducción del riesgo de infecciones, el aumento de la IgA secretora y la modulación de marcadores inmunitarios. Una revisión de 2016 señaló que BB-12 reduce el riesgo de infecciones en la primera infancia. HN019 respalda la función inmunitaria normal en estudios clínicos en humanos al competir con patógenos potenciales y excluirlos.

  • Bifidobacterium bifidum es una cepa probiótica clínicamente estudiada para la salud inmunitaria y respiratoria infantil. En combinación con otras cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium, se demostró que la suplementación con B. bifidum previene las infecciones respiratorias altas (IRA) y reduce el uso de antibióticos en niños preescolares. Es un componente de la fórmula ProbioKid, la cual demostró disminuir las tasas de infecciones respiratorias en niños suplementados durante 3 a 9 meses.

  • Bifidobacterium breve es una cepa probiótica prominente en el microbioma intestinal infantil con evidencia que respalda las respuestas inmunitarias de los niños frente a infecciones respiratorias. Actualmente se está evaluando en un ECA registrado (NCT07498127) específicamente en niños de 3 meses a 6 años con IVRA. B. breve favorece el desarrollo inmunitario mediante la modulación de la IgA secretora y los perfiles de citocinas.

  • Bifidobacterium infantis es una bifidobacteria dominante en el microbioma intestinal de los lactantes amamantados y se incorpora en formulaciones probióticas pediátricas para el apoyo inmunológico. Los estudios clínicos de combinaciones que incluyen B. infantis muestran tasas reducidas de infecciones respiratorias en bebés y niños pequeños. Forma parte de la formulación ProbioKid® con evidencia clínica para la prevención de IRAS (infecciones respiratorias agudas superiores) en niños suplementados durante 3 a 9 meses.

  • Bifidobacterium lactis (animalis subsp. lactis) se encuentra entre las cepas probióticas con mayor validación clínica para la salud inmunitaria y respiratoria infantil. Un ECA doble ciego de 2025 en 120 niños con infecciones respiratorias recurrentes encontró que Bifidobacterium animalis subsp. lactis XLTG11 combinado con Lactiplantibacillus plantarum redujo significativamente la frecuencia y duración de infecciones respiratorias, fiebre, tos y neumonía frente a placebo. Aumenta considerablemente los niveles de IgA secretora.

  • Bifidobacterium longum es un probiótico intestinal clave con beneficios documentados para la salud inmunológica infantil. Un ECA de 2025 sobre B. longum subsp. infantis B8762 en 115 lactantes encontró que la suplementación redujo la duración de las infecciones y disminuyó las consultas clínicas por enfermedades respiratorias y gastrointestinales. B. longum favorece la producción de IgA y las respuestas de citocinas antiinflamatorias en el eje inmunológico intestino-pulmón.

  • Las vitaminas A y D del aceite de hígado de bacalao regulan la función inmunitaria en los niños. Datos observacionales de Noruega asocian el uso de aceite de hígado de bacalao durante el primer año de vida con un menor riesgo de diabetes tipo 1. La vitamina A reduce la gravedad de infecciones infantiles como el sarampión, y el aceite de hígado de bacalao se ha utilizado durante siglos para favorecer la resiliencia inmunitaria en los niños.

  • calostroCientífico

    El calostro bovino es rico en inmunoglobulinas, lactoferrina, lisozima y factores de crecimiento, y ha sido utilizado tradicionalmente y estudiado clínicamente cada vez más para apoyar la defensa inmunitaria en niños. Un ECA de 2023 en niños en edad preescolar encontró que 6 semanas de suplementación con calostro bovino redujeron los días con síntomas de infección de las vías respiratorias superiores en un 31% y la severidad de los síntomas en un 37%, con efectos que duraron hasta 20 semanas después de la suplementación.

  • EquináceaCientífico

    La equinácea, en particular la E. purpurea, se ha utilizado tradicionalmente en Norteamérica y Europa para el apoyo inmunológico y es uno de los botánicos más investigados clínicamente para infecciones respiratorias. Un ECA con 200 niños sanos encontró que el uso de equinácea previno infecciones respiratorias y redujo las prescripciones de antibióticos en un 76.3%. El NCCIH informa que un estudio reciente encontró que la equinácea podría reducir el riesgo de infecciones del tracto respiratorio y sus complicaciones en niños, aunque la evidencia general es mixta.

  • Echinacea purpurea es la especie de equinácea más estudiada para la salud inmunológica y respiratoria infantil. Los ensayos clínicos que utilizaron específicamente E. purpurea demostraron tasas reducidas de infecciones del tracto respiratorio y un menor uso de antibióticos en niños. Una revisión sistemática y metanálisis de 2025 confirmó su eficacia para tratar infecciones de las vías respiratorias superiores (IVRS) y complicaciones de otitis media en niños.

  • saúcoCientífico

    El saúco (Sambucus nigra) se ha utilizado tradicionalmente en la medicina popular europea durante siglos y se encuentra entre los botánicos más investigados clínicamente para el apoyo frente a enfermedades respiratorias virales. Una revisión sistemática encontró que el saúco puede reducir la duración y la severidad de los síntomas similares a la influenza. Sus antocianinas inhiben las glicoproteínas virales, exhiben actividad antiviral in vitro contra la influenza A y B, y modulan la producción de citocinas.

  • Los fructooligosacáridos (FOS) son fibras prebióticas bien establecidas que promueven selectivamente las bacterias intestinales beneficiosas (particularmente Bifidobacterium) y potencian las respuestas inmunitarias asociadas al intestino en niños. Las formulaciones simbióticas que contienen FOS (combinadas con cepas probióticas) demostraron una reducción en la incidencia, duración y gravedad de las infecciones respiratorias en tres ECA independientes de gran tamaño. Estos estimulan la actividad de los macrófagos y promueven la producción de IgA secretora intestinal.

  • Los galactooligosacáridos (GOS) son fibras prebióticas que promueven el crecimiento de Bifidobacterium en el intestino del lactante y del niño, y se han utilizado en fórmulas infantiles para favorecer el desarrollo inmunitario. Los GOS combinados con cepas probióticas redujeron significativamente la incidencia y la gravedad de las infecciones respiratorias (IR) en múltiples ECA de gran tamaño. Los GOS también potencian la actividad de los macrófagos y la producción de IgA intestinal, ambas relevantes para la inmunidad de las mucosas.

  • ajoCientífico

    El ajo tiene una larga historia tradicional de uso para el apoyo inmunológico y respiratorio en culturas de todo el mundo, y fue incluido en una revisión sistemática clave de los NIH ODS sobre ingredientes suplementarios para el sistema inmunológico. Sus compuestos activos (alicina, aliína, sulfuro de dialilo) exhiben propiedades antimicrobianas e inmunomoduladoras. Un estudio encontró que la suplementación con ajo durante 12 semanas resultó en menos resfriados y una menor duración de la enfermedad en comparación con el placebo.

  • mielCientífico

    Se ha demostrado en múltiples ECA pediátricos que la miel reduce la frecuencia, la gravedad y la duración de la tos asociada con infecciones respiratorias altas, apoyando eficazmente la respuesta inmunitaria de los niños frente a enfermedades virales comunes. La evidencia de Cochrane (2018, 6 ECA, 899 niños) confirma que la miel es superior al placebo y a la ausencia de tratamiento para los síntomas de tos. El uso tradicional en enfermedades febriles pediátricas abarca sistemas médicos antiguos.

  • Se ha demostrado que la SBI favorece la reconstitución inmunitaria asociada al intestino en niños y adultos mediante el aumento del recuento de linfocitos T CD4+ en la mucosa y la reducción de marcadores inflamatorios. Los estudios clínicos pediátricos de SBI en el SII confirman que es segura y bien tolerada en niños, con propiedades inmunomoduladoras vinculadas a la unión de antígenos mediada por IgG en el intestino.

  • Lactobacillus acidophilus es una cepa probiótica bien estudiada que se utiliza en formulaciones combinadas para reducir las infecciones del tracto respiratorio superior en niños. Un estudio clínico con dosis para preescolares que combinaba L. acidophilus CUL21 y CUL60 con cepas de Bifidobacterium y vitamina C fue eficaz para prevenir las IVRS y reducir el uso de antibióticos en niños. Favorece la inmunidad de las mucosas mediante el aumento de la IgA y el equilibrio de la microbiota intestinal.

  • L. casei Shirota ha sido investigada en niños para la modulación inmunitaria y la reducción de infecciones respiratorias. Un ECA con 518 niños mostró que L. casei Shirota, como complemento a la terapia antibiótica, redujo significativamente las tasas de fracaso del tratamiento en la neumonía con respiración rápida. También se sabe que L. casei potencia la actividad de los macrófagos, las células NK y la sIgA, favoreciendo las respuestas inmunitarias innata y adaptativa en poblaciones pediátricas.

  • L. paracasei ha sido evaluada en contextos inmunitarios pediátricos, incluyendo asma, rinitis alérgica y autoinmunidad de la enfermedad celíaca. Un ECA doble ciego en 160 niños asmáticos mostró que L. paracasei (LP) sola o combinada con L. fermentum mejoró las puntuaciones de gravedad del asma y los biomarcadores inmunitarios durante 3 meses. GM-080 mejoró los estornudos y las puntuaciones de evaluación global en niños con rinitis alérgica perenne.

  • Lactobacillus plantarum (ahora Lactiplantibacillus plantarum) es una cepa probiótica estudiada clínicamente que respalda las defensas inmunitarias de los niños contra infecciones respiratorias. Un ECA doble ciego de 2025 en 120 niños con RTI recurrentes encontró que L. plantarum CCFM8661 combinado con B. animalis subsp. lactis redujo significativamente la frecuencia, duración y gravedad de las infecciones respiratorias, incluyendo neumonía y bronquitis.

  • Lactobacillus rhamnosus (especialmente la cepa LGG) es uno de los probióticos más ampliamente estudiados para reducir las infecciones del tracto respiratorio en niños. En un ECA con 281 niños en guarderías, LGG redujo significativamente las infecciones del tracto respiratorio superior y disminuyó el riesgo de infecciones con una duración mayor a 3 días. Una revisión Cochrane de 2015 encontró que los probióticos, incluyendo cepas de Lactobacillus, redujeron los episodios de IRAS, su duración y el uso de antibióticos en niños.

  • LactoferrinaCientífico

    La lactoferrina es una glicoproteína fijadora de hierro presente de forma natural en la leche materna, con propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias e inmunomoduladoras bien documentadas en lactantes y niños. Una revisión sistemática y metaanálisis de 2022 que incluyó 25 estudios encontró que la suplementación con lactoferrina redujo la incidencia de infecciones del tracto respiratorio específicamente en lactantes y niños (no en adultos). Un ECA de 2024 en niños preescolares mostró que redujo los episodios de infección respiratoria en un 50%.

  • palmitatoCientífico

    La suplementación con palmitato de vitamina A en niños con deficiencia de vitamina A mejora considerablemente la función inmunitaria, reduce la gravedad de las infecciones y disminuye la mortalidad por sarampión y diarrea. La OMS y UNICEF recomiendan la suplementación periódica con dosis altas como medida de salud pública.

  • PropóleoCientífico

    El propóleo es una sustancia resinosa recolectada por las abejas melíferas, con propiedades antimicrobianas e inmunomoduladoras documentadas. Ensayos clínicos han demostrado que el propóleo reduce la incidencia y la duración de las infecciones del tracto respiratorio superior, incluso en niños. Ejerce actividad antiviral y antibacteriana de amplio espectro, junto con la estimulación de la actividad de los macrófagos y las células NK.

  • Múltiples ECAs y un metaanálisis sistemático demuestran que S. boulardii reduce la duración de la diarrea y la hospitalización en niños con gastroenteritis aguda. Estimula la producción de IgA secretora y disminuye la proteína C reactiva, lo que refleja una actividad inmunomoduladora directa en poblaciones pediátricas. La evidencia es más sólida para la gastroenteritis aguda y la prevención de la diarrea asociada a antibióticos.

  • S. thermophilus modula la expresión de genes inmunitarios en células inmunitarias humanas y ha sido estudiada en fórmulas pediátricas y preparaciones probióticas. La preparación VSL#3, que contiene S. thermophilus, cuenta con evidencia clínica en niños con colitis ulcerosa, donde la modulación inmunitaria es un mecanismo clave. La evidencia sobre la función inmunitaria en niños sanos específicamente es más limitada.

  • vitamina ACientífico

    La vitamina A es fundamental para la defensa inmunitaria de las mucosas, la diferenciación de células inmunitarias y el mantenimiento de las barreras epiteliales en niños. Los programas de suplementación respaldados por la OMS dirigidos a niños con deficiencia de vitamina A han demostrado reducciones significativas en la mortalidad y morbilidad por enfermedades infecciosas. El ácido retinoico induce la migración de células T hacia el intestino (gut homing) y la secreción de IgA, fundamentales para la inmunidad de las mucosas.

  • vitamina CCientífico

    La vitamina C es esencial para la función de las células inmunitarias y representa uno de los soportes nutricionales más consolidados para la salud inmunológica en niños. La suplementación regular reduce la duración del resfriado común en un 14% en niños (frente a un 8% en adultos), según una amplia revisión de 82 estudios. La vitamina C favorece las barreras físicas, la inmunidad innata y las respuestas inmunitarias adaptativas.

  • vitamina DCientífico

    La vitamina D es fundamental para la regulación inmunitaria en niños, y su deficiencia está fuertemente asociada con una mayor susceptibilidad a las infecciones respiratorias. Un importante metaanálisis de 2017 publicado en el BMJ, que incluyó 25 ECA, encontró que la suplementación con vitamina D protegía contra las infecciones respiratorias agudas, con el mayor beneficio observado en las personas con deficiencia. Se recomienda la suplementación durante todo el año de 400 a 1000 UI/día para la mayoría de los niños.

  • vitamina D3Científico

    La vitamina D3 (colecalciferol) es la forma suplementaria preferida de vitamina D para la salud inmunitaria infantil. Los protocolos de apoyo inmunitario pediátrico recomiendan específicamente vitamina D3 durante todo el año, en dosis de 400–1,000 UI/día. La D3 es más eficaz que la D2 para elevar los niveles séricos de 25(OH)D y demuestra una actividad inmunomoduladora superior en ensayos de prevención de infecciones respiratorias.

  • vitamina ECientífico

    La vitamina E (principalmente alfa-tocoferol) es un antioxidante liposoluble que favorece la proliferación de linfocitos y la inmunidad mediada por linfocitos T en niños. Fue identificada como uno de los ocho ingredientes clave de suplementos inmunitarios de un solo ingrediente en una revisión sistemática de 39 ECA realizada por el NIH ODS en 2022. La vitamina E potencia la respuesta inmunitaria a las vacunas y favorece las defensas inmunitarias de las mucosas.

  • ZincCientífico

    El zinc es un micronutriente esencial necesario para el desarrollo y la función adecuados de las células inmunitarias en los niños. La OMS recomienda la suplementación con zinc para niños en regiones de alta carga de enfermedad, y los ensayos clínicos muestran reducciones significativas en la frecuencia y la gravedad de la enfermedad diarreica y las infecciones respiratorias. La suplementación con zinc puede reducir la duración del resfriado común en aproximadamente un 33% y ha reducido la estadía hospitalaria en ensayos de neumonía pediátrica.

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