Otros Nombres
AtCLH1AtCLH2BoCLH1CaCLHChlaseChlase1chlorophyll chlorophyllidohydrolasechlorophyll hydrolasechlorophyll-chlorophyllido hydrolasechlorophyllase 1chlorophyllase1CLHCrCLH1CyanoCLHEC 3.1.1.14
La clorofilasa (comúnmente abreviada Chlase o CLH) lleva el nombre sistemático chlorophyll chlorophyllidohydrolase. Es una proteína de membrana clasificada bajo el número de la Comisión de Enzimas EC 3.1.1.14. Los sinónimos reconocidos en la literatura científica incluyen chlase, atclh1, boclh1, atclh2, crclh1, chlorophyllase 1, cyanoclh, caclh, y chlase1. Los productos génicos que codifican la actividad de la clorofilasa se denominan colectivamente CLHs.
La clorofilasa es una de las primeras enzimas descubiertas presentes en plantas y algas verdes. La actividad de Chlase existe en casi todas las plantas, diatomeas y algas verdes evaluadas. La enzima se puede encontrar en el cloroplasto, la membrana tilacoidal y el etioplasto de al menos las plantas superiores, como helechos, musgos, algas pardas y rojas, y diatomeas. Las enzimas de esta clase son aparentemente universales en plantas verdes y bacterias fotosintéticas. La enzima se presenta en concentraciones especialmente altas en las hojas de ciertas plantas, entre ellas Heracleum spondylium, Datura stramonium y Beta vulgaris.
Las primeras plantas de las que se aislaron los genes que codifican la clorofilasa fueron Citrus sinensis y Chenopodium album. Posteriormente se han aislado varios genes de CLH de diferentes fuentes, incluidas especies de Citrus, trigo, Ginkgo biloba, Brassica oleracea, Chenopodium album y Arabidopsis thaliana. Se identificaron más genes de CLH en diferentes especies, incluidas plantas, algas verdes e incluso cianobacterias.
La clorofilasa no se vende típicamente como un suplemento dietético independiente en su forma enzimática. Su relevancia principal para la salud humana y el comercio surge a través de dos vías: (1) como enzima vegetal endógena cuya actividad transforma la clorofila dietética en sus metabolitos in vivo y durante el procesamiento de alimentos; y (2) como herramienta biocatalítica utilizada en investigación e industria para producir compuestos derivados de la clorofila. Se han descrito varias aplicaciones para la clorofilasa, incluida la eliminación de clorofilas de aceites vegetales, el uso en detergentes de lavandería y la producción de clorofilidas. Existen procesos industriales en los que la contaminación por clorofila puede reducirse en composiciones como aceites vegetales mediante tratamiento con clorofilasa; la clorofilida hidrosoluble producida también es de color verde, pero puede eliminarse mediante extracción acuosa o tratamiento con sílice.
La clorofilasa utilizada en preparaciones industriales o de investigación puede provenir de cualquier fuente conveniente —vegetal, algal, bacteriana o fúngica— y se clasifica formalmente como clase EC 3.1.1.14 de la Comisión de Enzimas. La clorofilasa recombinante expresada en sistemas heterólogos como Escherichia coli ha sido inmovilizada en diversos soportes, incluidas nanopartículas magnéticas de óxido de hierro, para su posible uso industrial.
Desde su descubrimiento en 1912, la Chlase ha sido ampliamente investigada. Se descubrió que la división de la clorofila en sus dos componentes principales —el fitol y el componente colorante clorofilina— se produce mediante la acción de una enzima presente en las hojas, a la que Willstätter llamó "clorofilasa", lo que le permitió dilucidar la naturaleza de la clorofila cristalizada. La esterificación de la clorofilida se reportó por primera vez en 1911, cuando Willstätter y Stoll descubrieron la hidrólisis de la clorofila a clorofilida en extractos crudos de hojas de Heracleum y llamaron clorofilasa a la enzima responsable de esta reacción. Richard Willstätter recibió posteriormente el Premio Nobel de Química en 1915, en parte por este descubrimiento.
Durante su trabajo sobre la clorofila, Willstätter descubrió que, en presencia de etanol, una enzima presente en el tejido vegetal (la clorofilasa) cataliza la transesterificación del fitol por etanol. La clorofilasa fue identificada por primera vez por Willstätter y Stoll; el alcance de su actividad fue estudiado posteriormente por Fischer y Lambrecht. En acetona acuosa o éter, la clorofilasa cataliza la hidrólisis de ésteres del ácido 7-propiónico; en metanol o etanol acuoso, cataliza la transesterificación.
Las clorofilidas a y b, las metilclorofilidas o las etilclorofilidas pueden aislarse directamente de plantas ricas en clorofilasa dejando primero que la harina de hoja se digiera con acetona, metanol o etanol acuosos; la harina de hoja de plantas ricas en la enzima puede utilizarse repetidamente para catalizar la hidrólisis o esterificación de derivados de la clorofila.
Los primeros CLH en ser clonados y caracterizados se reportaron en 1999. La enzima, que cataliza la hidrólisis de la clorofila para obtener clorofilida, fue descubierta por Willstätter y Stoll (1913), quienes sugirieron que la eliminación de la cadena de fitol podría ser el primer paso en el catabolismo de la clorofila. La evidencia acumulada en años más recientes señala el papel crítico de la Chlase en el paso inicial del catabolismo de la clorofila.
La estructura cristalina de la clorofilasa revela la arquitectura dimérica de la enzima, la disposición de los residuos catalíticos, un sitio de unión inesperado para un ion metálico divalente, y un sitio de unión al sustrato que puede acomodar una gama diversa de pigmentos. Al igual que enzimas relacionadas, la clorofilasa contiene al menos siete hélices α y nueve hebras β y carece de un dominio de tapa (lid domain); la ubicación real de los residuos catalíticos en la arquitectura terciaria de la clorofilasa se parece más a las lipasas pancreáticas.
La secuencia de aminoácidos deducida de la primera clorofilasa clonada (CaCLH de Chenopodium album) presentaba un motivo de lipasa superpuesto con un motivo de unión a ATP/GTP (bucle P). Curiosamente, se evidencian dos enlaces disulfuro en la estructura de la clorofilasa. El primer enlace disulfuro se encuentra entre Cys220 y Cys264, uniendo dos bucles de la estructura, plegándose parcialmente sobre el sitio activo, y ubicándose a aproximadamente 7 Å del residuo Ser catalítico en el sitio activo. Un enlace disulfuro adicional une el Cys270 de cada una de las subunidades monoméricas entre sí.
El estado de oxidación de los residuos de Cys es imperativo para la actividad y estabilidad de la clorofilasa, lo que ilumina un desencadenante bioquímico para responder al estrés ambiental. El análisis bioinformático de la familia de enzimas clorofilasa revela una conservación generalizada de los residuos catalíticos clave y del "interruptor redox" identificado entre otros homólogos vegetales de la clorofilasa.
Los dos productos principales de la reacción catalizada por la clorofilasa son compuestos química y biológicamente distintos:
Los análisis filogenéticos han demostrado que los genes CLH se agrupan en dos grupos: el primer grupo (que incluye AtCLH1 de Arabidopsis y CsCLH de Citrus sinensis) se caracteriza por una expresión regulada por etileno y metil jasmonato; mientras que el segundo grupo (AtCLH2 de Arabidopsis y CaCLH de C. album) se expresa a niveles bajos y constitutivos. El etileno y el metil jasmonato, que se sabe que acelera la senescencia en muchas especies, pueden potenciar la actividad de la forma inducible por hormonas de esta enzima.
La clorofilasa es la primera enzima involucrada en la degradación de la clorofila y cataliza la hidrólisis del enlace éster para producir clorofilida y fitol. Reacciona mediante transesterificación o hidrólisis de un éster carboxílico, siendo sus sustratos naturales la 13-OH-clorofila a, la bacterioclorofila y la clorofila a. La hidrólisis de la clorofila comienza con el ataque de un grupo carbonilo de la clorofila por el oxígeno del grupo hidroxilo del residuo de serina crucial de la clorofilasa. Este ataque forma un estado de transición tetraédrico. El doble enlace del carbonilo atacado se reforma y la serina se esterifica entonces a clorofilida. El grupo fitol abandona en consecuencia el compuesto y reemplaza al residuo de serina en la enzima clorofilasa. La adición de agua a la reacción escinde el fitol de la enzima.
También se sabe que la enzima funciona en la esterificación de la clorofilida y en la transesterificación. La enzima funciona de manera óptima a pH 8.5 y 50 °C. Estudios recombinantes han encontrado que las condiciones óptimas pueden variar según el organismo: el pH y la temperatura óptimos para la actividad de la OaCLH recombinante son 7.0 y 40 °C, respectivamente, y la OaCLH recombinante presenta actividades de hidrólisis frente a clorofila a, clorofila b, bacterioclorofila a y feofitina a, prefiriendo la clorofila b y la clorofila a como sustratos.
El catabolismo de la clorofila se visualiza de manera dramática durante la senescencia foliar y la maduración de frutos, pero también ocurre a un nivel basal durante el recambio natural, el cual se ve afectado por condiciones ambientales como la luz excesiva, que conduce a la fotoinhibición. La degradación sirve como requisito previo en la detoxificación de la clorofila y sus intermediarios potencialmente fototóxicos durante la senescencia foliar. La rápida degradación de la clorofila y sus intermediarios es, por lo tanto, necesaria para prevenir el daño celular debido a la fototoxicidad potencial de la clorofila.
Durante mucho tiempo se consideró que la clorofilasa era la primera enzima involucrada en la degradación de la clorofila, aunque desde entonces evidencia sólida ha demostrado que no está involucrada en la degradación de la clorofila durante la senescencia foliar. Por otro lado, es posible que la CLH esté involucrada en la degradación de la clorofila durante la maduración de frutos. La CLH de cítricos se localiza en los cloroplastos, responde al etileno y participa en la degradación de la clorofila durante la maduración del fruto, mientras que la AtCLH1 plastídica funciona protegiendo a las hojas jóvenes del fotodaño a largo plazo mediante la regulación de la reparación del PSII.
Se ha demostrado que las dos CLH de Arabidopsis son prescindibles para la senescencia foliar. En su lugar, una nueva esterasa, la feofitinasa (PPH), que desfitila específicamente la feofitina (pero no la clorofila), se requiere para la degradación de la clorofila en Arabidopsis y en el arroz. En algunos casos, como durante la maduración de frutos en Citrus, se ha propuesto que las CLH están involucradas en la desfitilación. Actualmente, no se puede excluir la posibilidad de que las CLH desempeñen un papel en los frutos.
Recientemente se descubrió que la CLH1 de Arabidopsis se localiza en cloroplastos en desarrollo pero no en cloroplastos maduros, y desempeña un papel en la protección de las hojas jóvenes frente al fotodaño a largo plazo al catalizar el recambio de la clorofila en el ciclo de reparación del fotosistema II (PSII). La verdadera participación de la CLH en la degradación de la clorofila ha sido puesta en duda, ya que no todos los genes aislados presentan un péptido de tránsito al cloroplasto, lo que sugiere vías alternativas que ocurren fuera del cloroplasto o la participación de enzimas distintas a la CLH. La inducibilidad de ciertos genes CLH por el metil jasmonato —un compuesto de señalización de herida y defensa— ha dado lugar a la hipótesis de que la clorofilasa también podría participar en las respuestas de defensa de las plantas contra herbívoros y patógenos.
La clorofilasa como enzima aislada o purificada no tiene un historial etnomédico o tradicional documentado de uso directo en humanos. El registro histórico relativo a esta enzima es exclusivamente científico, comenzando con investigaciones de laboratorio a principios del siglo XX. El contexto más amplio de las plantas que contienen clorofila en la medicina tradicional es, sin embargo, relevante, ya que la actividad de la clorofilasa en esas plantas contribuye a las transformaciones químicas que podrían subyacer a algunos usos tradicionales.
Desde su descubrimiento en 1912, la Chlase ha sido ampliamente investigada. En las etapas iniciales, la investigación sobre la Chlase se centró principalmente en su purificación y propiedades a partir de diferentes especies de plantas y algas.
El uso de materiales vegetales ricos en clorofila —de los cuales la actividad de la clorofilasa fue identificada posteriormente como un determinante clave— tiene raíces históricas profundas. La investigación en la década de 1940, que indicó que las soluciones de clorofilina retardaban el crecimiento de ciertas bacterias anaeróbicas in vitro y aceleraban la curación de heridas experimentales en animales, condujo al uso de soluciones y pomadas tópicas de clorofilina en el tratamiento de heridas abiertas persistentes en humanos. A finales de la década de 1940 y durante la de 1950, una serie de estudios en gran medida no controlados en pacientes con heridas de cicatrización lenta, como úlceras vasculares y úlceras por presión, reportó que la aplicación de clorofilina tópica promovía la curación de manera más eficaz que otros tratamientos comúnmente utilizados. Cabe señalar que los agentes activos en estas aplicaciones tradicionales y clínicas tempranas eran derivados de la clorofilina, no la clorofilasa en sí misma.
La clorofilina se ha utilizado por vía oral como desodorante interno y de forma tópica en el tratamiento de heridas de cicatrización lenta durante más de 50 años sin efectos secundarios graves. A finales de la década de 1950, se añadió clorofilina a pomadas que contenían papaína y urea, utilizadas para el desbridamiento químico de heridas, con el fin de reducir la inflamación local, promover la curación y controlar el olor. Las pomadas de papaína/urea que contienen clorofilina todavía están disponibles en los EE. UU. mediante receta médica.
Nota preliminar crítica: La clorofilasa, como enzima vegetal endógena, no es en sí misma un suplemento dietético comercializado. Su relevancia para la salud humana deriva de su papel en la generación de metabolitos biológicamente activos —principalmente clorofilida y fitol— a partir de la clorofila dietética, y de su uso industrial en la producción de derivados de clorofila para aplicaciones farmacéuticas y alimentarias. La gran mayoría de la evidencia relacionada con la salud se refiere a la clorofila, la clorofilina (clorofilina cúprica sódica, SCC), o el fitol, no a la clorofilasa en sí misma. Las siguientes secciones abordan cada área, delineando claramente la conexión con la actividad de la clorofilasa.
Investigaciones in vitro y en animales sugieren que la clorofila y sus derivados podrían poseer propiedades antioxidantes, antiinflamatorias y anticancerígenas. La clorofilida (el producto de la hidrólisis mediada por la clorofilasa) ha recibido cierta atención investigativa como compuesto potencialmente bioactivo, así como las clorofilinas de origen de manera más amplia.
En modelos animales de cáncer de hígado inducido por aflatoxina B1 (AFB1), la administración de clorofilina cúprica sódica (SCC) al mismo tiempo que la exposición dietética a la AFB1 reduce significativamente el daño al ADN inducido por AFB1 en los hígados de trucha arcoíris y ratas, e inhibe de manera dependiente de la dosis el desarrollo del cáncer de hígado en la trucha. También se ha encontrado que la clorofila natural inhibe el cáncer de hígado inducido por AFB1 en la rata. En conjunto, esta evidencia respalda un papel para la SCC y/o la clorofila misma en la limitación de la iniciación del cáncer. En contraste, los datos sugieren un papel limitado de la SCC en la influencia sobre la progresión del cáncer: un estudio en ratas encontró que la SCC no protegía contra el daño hepático inducido por aflatoxina cuando se administraba después de la iniciación del tumor.
Aunque los estudios in vitro e in vivo sugieren efectos anticancerígenos, la evidencia de eficacia en humanos sigue siendo escasa. Un ensayo de quimioprevención en humanos que utilizó SCC reveló que la ingestión diaria de tabletas de SCC (300 mg/día) resultó en la absorción del éster etílico de Cu-clorina e4 en el torrente sanguíneo, lo que proporcionó la evidencia inicial de que los derivados de la clorofila pueden ser absorbidos por el tracto gastrointestinal humano. La fortaleza de la evidencia en esta área se caracteriza como preliminar para aplicaciones específicas contra el cáncer.
La clorofilasa produce clorofilida, la cual conserva la estructura del cromóforo de porfirina de la clorofila. Las aplicaciones tempranas de productos a base de clorofilina en el cuidado de heridas conforman la base principal de evidencia.
La investigación en la década de 1940, que indicó que las soluciones de clorofilina retardaban el crecimiento de ciertas bacterias anaeróbicas in vitro y aceleraban la curación de heridas experimentales en animales, condujo al uso de soluciones y pomadas tópicas de clorofilina en el tratamiento de heridas abiertas persistentes en humanos. Estos estudios tempranos fueron en gran medida no controlados.
La FDA de EE. UU. ha publicado una monografía sobre las clorofilinas para uso interno en seres humanos, abordando los productos farmacéuticos desodorantes de uso interno para uso humano de venta libre. Esta monografía abarca productos a base de clorofilina, cuya producción puede involucrar reacciones catalizadas por la clorofilasa durante el procesamiento de materia prima. La evidencia sobre los efectos desodorantes internos de la clorofilina es mixta y se basa en gran medida en estudios antiguos.
La clorofila y sus derivados parecen favorecer la regulación de la glucosa principalmente mediante acciones en el tracto gastrointestinal. Modulan la microbiota intestinal, mejoran la tolerancia a la glucosa, reducen la inflamación y alivian marcadores relacionados con la obesidad. Estos hallazgos se basan en estudios in vitro y en animales; aún no se dispone de datos sólidos de ensayos clínicos en humanos.
La clorofilina ha demostrado un potencial significativo para mitigar el daño hepático inducido por la diabetes. En estudios con ratones diabéticos inducidos por estreptozotocina, la suplementación con clorofilina cúprica sódica resultó en mejoras notables. Investigaciones recientes destacaron que la clorofila y sus derivados podrían influir beneficiosamente en el metabolismo de la glucosa y el estrés oxidativo, factores clave en la diabetes. Toda la evidencia mecanicista y de eficacia disponible se mantiene a nivel preclínico (animal o cultivo celular) para afirmaciones específicas sobre la diabetes.
El fitol y sus metabolitos han generado interés como compuestos dietéticos para la prevención del cáncer, ya que, como ligandos naturales del receptor activado por proliferadores de peroxisomas-α y -γ y del receptor X de retinoides, han proporcionado cierta evidencia en estudios de cultivo celular y evidencia limitada en modelos animales de propiedades anticarcinogénicas, antiinflamatorias y antisíndrome metabólico a concentraciones fisiológicas. Sin embargo, podría existir un rango estrecho de eficacia, ya que el fitol y sus metabolitos a concentraciones suprafisiológicas pueden causar citotoxicidad in vitro en células no cancerosas y pueden causar morbilidad y mortalidad en modelos animales.
El fitol es un componente de la clorofila con efectos anticancerígenos e inmunopotenciadores reportados. Se ha reportado que el fitol potencia la actividad de las células asesinas naturales (natural killer) que detectan y eliminan células cancerosas y promueve las funciones de los macrófagos en la inmunidad. Estos reportes se basan en estudios preclínicos de laboratorio.
El papel de la clorofilasa en la calidad de los alimentos está bien establecido. La comparación de las constantes catalíticas in vitro de la clorofilasa de plántulas de centeno verdeadas con las constantes de velocidad in vivo de estudios en tejido completo sugiere que las conversiones de clorofila a clorofilida y de feofitina a feoforbida en ensalada de col, pepinos y aceitunas en salmuera fueron el resultado de la actividad de la clorofilasa. El marchitamiento a baja temperatura puede retardar la degradación de la clorofila en hojas de té postcosecha mediante una inhibición significativa de la actividad enzimática y de la expresión génica de la Mg-dequelatasa, la clorofilasa y la feoforbida a oxigenasa.
Aunque la clorofilasa en sí misma no ha sido estudiada clínicamente en humanos como suplemento dietético, los compuestos que produce y la clase más amplia de derivados de la clorofila con los que está asociada se han investigado en varios sistemas fisiológicos:
La clorofilasa no está disponible como suplemento directo en formas de dosificación estandarizadas para el consumo humano. Las siguientes dosis se refieren a productos derivados de la clorofila —cuya producción y bioconversión pueden involucrar la actividad de la clorofilasa— según se reporta en la literatura científica citada:
Se describe que la clorofilasa recombinante inmovilizada en soportes es potencialmente útil para la producción industrial de derivados de la clorofila, con unidades enzimáticas específicas y rendimientos de inmovilización reportados en artículos de investigación, pero estas cantidades son industriales y no terapéuticas para humanos.
Los suplementos dietéticos que contienen clorofila y clorofilina están disponibles y generalmente se consideran seguros, sin efectos secundarios adversos reportados durante varias décadas de uso en humanos. Sin embargo, persiste el escepticismo sobre su eficacia debido a la falta de evidencia científica sólida que respalde los beneficios de salud que se les atribuyen.
Una consideración de seguridad clave derivada de la actividad de la clorofilasa se relaciona no con la enzima en sí, sino con la posible acumulación de sus productos intermediarios. El proceso de degradación de la clorofila es esencial para la senescencia foliar y la maduración de frutos debido a la necesaria eliminación de la clorofila y sus derivados para evitar la acumulación de pigmentos fototóxicos. En contextos de mamíferos, los productos de degradación de la clorofila, como la feoforbida, tienen potencial fototóxico si se acumulan, razón por la cual el catabolismo controlado (incluidos los pasos iniciados por la clorofilasa) tiene importancia fisiológica.
Podría existir un rango estrecho de eficacia para el fitol y sus metabolitos, ya que a concentraciones suprafisiológicas pueden causar citotoxicidad in vitro en células no cancerosas y pueden causar morbilidad y mortalidad en modelos animales. Esto indica un perfil de riesgo dependiente de la dosis para el fitol —uno de los dos productos de la catálisis de la clorofilasa— a dosis que exceden ampliamente las encontradas mediante la ingesta dietética normal de clorofila.
Como proteínas, las enzimas clorofilasas son fácilmente susceptibles a la inactivación y usualmente están limitadas por una falta de estabilidad operativa a largo plazo; además, es difícil reciclar y reutilizar la enzima sin estrategias de inmovilización o estabilización. En entornos industriales, estas propiedades requieren un manejo controlado.
A pesar de años de uso como suplemento dietético [en el caso de productos relacionados con la clorofila], existe muy poca investigación clínica en humanos que explore los posibles beneficios de la clorofila. No hay suficiente información disponible para saber de manera definitiva cómo podría actuar la clorofila [en humanos]. La evidencia que existe sobre los beneficios de salud de los derivados de la clorofila es en gran medida preclínica (in vitro o en animales). La clorofilasa como entidad aislada no cuenta con antecedentes de ensayos clínicos en humanos como agente terapéutico.
Quedan preguntas importantes sin responder relacionadas con la CLH. Estas incluyen la localización subcelular precisa de las diferentes isoformas de CLH, la identidad de la enzima central de desfitilación durante la maduración de frutos, y la interacción exacta entre la clorofilasa y enzimas catabólicas alternativas como la feofitinasa (PPH).
El estado de oxidación de los residuos de Cys es imperativo para la actividad y estabilidad de la clorofilasa, lo que ilumina un desencadenante bioquímico para responder al estrés ambiental. El análisis bioinformático revela una conservación generalizada de los residuos catalíticos clave y del "interruptor redox" identificado entre otros homólogos vegetales de la clorofilasa.
Se están explorando las clorofilasas recombinantes como biocatalizadores para producir derivados de clorofilida que tienen potencial como fármacos para la industria biotecnológica y farmacéutica. Las preparaciones de clorofilasa inmovilizada han demostrado una actividad residual retenida de aproximadamente el 60% después de 17 ciclos en una operación de lotes repetidos, lo que significa que las preparaciones inmovilizadas pueden utilizarse repetidamente para reducir costos y son potencialmente útiles para la producción industrial de clorofilida y fitol.
Condiciones de salud que clorofilasa puede ayudar a apoyar.
Sistemas corporales que clorofilasa puede ayudar a apoyar.