Sueño infantil
Sinopsis
Sueño infantil: una referencia integral en el contexto de la nutrición y la salud natural
1. Definición y panorama general
Los trastornos del sueño se definen como cualquier alteración en el horario, la calidad o la cantidad del sueño que afecta el estado funcional basal de un individuo. En el contexto pediátrico, esto abarca un amplio espectro de dificultades, desde problemas para iniciar o mantener el sueño hasta comportamientos nocturnos anormales y somnolencia diurna excesiva. Según la tercera edición de la Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño (ICSD-3), existen siete categorías principales de trastornos del sueño: trastornos respiratorios relacionados con el sueño, insomnio, parasomnias, trastornos centrales de hipersomnolencia, trastornos del ritmo circadiano de sueño-vigilia, trastornos del movimiento relacionados con el sueño y otros trastornos del sueño.
Los estudios epidemiológicos han mostrado variaciones en la prevalencia de los trastornos del sueño pediátricos, pero los problemas de sueño están presentes en aproximadamente el 50% de los niños. La importancia esencial del sueño para mantener la salud corporal es bien conocida y ha sido ampliamente estudiada, especialmente en la población pediátrica, ya que sus funciones físicas, psicológicas y mentales aún se encuentran en desarrollo. La privación crónica de sueño en la infancia se considera un factor de riesgo de deterioro de la salud mental, la cognición, la regulación emocional, la inmunidad y el desarrollo de enfermedades crónicas en la edad adulta.
Los trastornos del sueño pueden afectar entre el 20% y el 30% de los niños pequeños, e incluyen somnolencia diurna excesiva, problemas para conciliar el sueño (disomnias) o fenómenos no deseados durante el sueño (parasomnias), como los terrores nocturnos y el sonambulismo. Las quejas frecuentes relacionadas con las alteraciones del sueño incluyen dificultad para iniciar o mantener el sueño, comportamientos o movimientos anormales, ronquidos o respiración anormal, y somnolencia diurna excesiva.
2. Requerimientos de sueño según la edad
Miembros de la Academia Americana de Medicina del Sueño (American Academy of Sleep Medicine) desarrollaron recomendaciones de consenso sobre la cantidad de sueño necesaria para promover una salud óptima en niños y adolescentes, utilizando un Método RAND de Adecuación modificado. Un panel de 13 expertos en medicina del sueño e investigación utilizó este método para elaborar recomendaciones sobre el rango de duración del sueño que promueve una salud óptima en niños de 0 a 18 años. El panel de expertos revisó la evidencia científica publicada sobre la relación entre la duración del sueño y la salud, lo que resultó en un total de 864 artículos científicos.
Las recomendaciones resultantes, específicas por edad, son las siguientes:
- Los bebés de 4 a 12 meses deben dormir de 12 a 16 horas por cada 24 horas (incluidas las siestas); los niños de 1 a 2 años deben dormir de 11 a 14 horas (incluidas las siestas); los niños de 3 a 5 años deben dormir de 10 a 13 horas (incluidas las siestas); los niños de 6 a 12 años deben dormir de 9 a 12 horas; y los adolescentes de 13 a 18 años deben dormir de 8 a 10 horas por cada 24 horas, todo esto de manera regular para promover una salud óptima.
El Panel de Consenso Pediátrico encontró que dormir el número de horas recomendado de manera regular se asocia con mejores resultados generales de salud, incluidas mejoras en la atención, el comportamiento, el aprendizaje, la memoria, la regulación emocional, la calidad de vida y la salud mental y física. El panel encontró que dormir menos horas de las recomendadas se asocia con problemas de atención, comportamiento y aprendizaje.
3. Sistemas corporales implicados en el sueño pediátrico
Se ha implicado al sueño en el funcionamiento óptimo de todos los sistemas orgánicos: cerebro, corazón, pulmones, metabolismo, función inmunitaria y equilibrio hormonal.
3.1 Sistemas neurológico y cognitivo
Entre las principales teorías sobre el papel del sueño se encuentra que proporciona un período de relativa quietud cortical que permite reconstituir las reservas de energía cerebral; que el sueño ofrece una oportunidad para la poda sináptica, lo cual facilita la plasticidad neuronal que permite la memoria y el aprendizaje; y que el sueño brinda una oportunidad para la eliminación de productos de desecho neuronales a través del sistema glinfático, el cual se activa durante el sueño.
Las alteraciones crónicas del sueño pueden perjudicar significativamente el funcionamiento cognitivo, emocional y social, lo que provoca déficits en la atención, el estado de alerta y la función ejecutiva, junto con un aumento de la irritabilidad, la ansiedad y la depresión. En los pacientes pediátricos, dichas alteraciones plantean preocupaciones adicionales, ya que pueden alterar los procesos de desarrollo y la calidad de vida tanto de los niños como de sus familias.
3.2 Sistema endocrino y hormona del crecimiento
Durante el sueño profundo (de ondas lentas), se produce un aumento en la secreción de la hormona del crecimiento (GH, por sus siglas en inglés). Este pico de GH durante el sueño es esencial para el crecimiento y el desarrollo muscular, así como para la regeneración y reparación de tejidos. La GH tiene una fuerte asociación con la actividad cerebral durante el sueño profundo y desempeña un papel en el mantenimiento de la homeostasis tisular. Además, se ha identificado a la GH como uno de los posibles mecanismos que vinculan el sueño con la composición corporal.
El sueño insuficiente o de mala calidad puede tener un impacto significativo en el desarrollo, el aprendizaje, el comportamiento y la salud general de los niños, incluido un efecto perjudicial en su bienestar físico y mental. Otros efectos incluyen dificultades de concentración, mayor irritabilidad, deterioro del crecimiento, debilitamiento de la función inmunitaria, ansiedad y depresión.
3.3 Sistema inmunitario
Un sueño adecuado y suficiente mejora la función inmunitaria y puede reducir la probabilidad de desarrollar diversas enfermedades, como enfermedades cardiovasculares, diabetes y accidentes cerebrovasculares. También se ha comprobado que mejora la memoria y facilita el aprendizaje, y que regula la secreción de la hormona del crecimiento, responsable del desarrollo físico de niños y adolescentes.
3.4 Sistema metabólico y riesgo cardiometabólico
Muchas consecuencias adversas se asocian con la deficiencia de sueño en niños, incluidos resultados físicos como la obesidad, resultados neurocognitivos como la memoria, la atención, la inteligencia y el rendimiento académico, así como resultados emocionales y conductuales, incluidos los comportamientos internalizantes y externalizantes y los trastornos de conducta.
El sueño inadecuado afecta la regulación de los sistemas homeostáticos y hormonales que sustentan el crecimiento somático, la maduración y la bioenergética. Dormir regularmente menos horas de las recomendadas se asocia con problemas de atención, comportamiento y aprendizaje. El sueño insuficiente también se asocia con un mayor riesgo de accidentes, lesiones, hipertensión, obesidad, diabetes y depresión.
3.5 Regulación del ritmo circadiano
El sueño está regulado por una multitud de mecanismos biológicos intrincados, entre ellos el ritmo circadiano, las neuronas del sueño y la actividad neuroquímica. El ritmo circadiano rige el ciclo de sueño-vigilia del cuerpo, mientras que las neuronas del sueño regulan la transición entre la vigilia y el descanso. La regulación neuroquímica implica a diversos sistemas nerviosos y sustancias químicas que trabajan en conjunto para mantener el equilibrio del sueño.
La melatonina, una hormona producida por la glándula pineal, participa directamente en la regulación de los ritmos circadianos y los ciclos de sueño-vigilia. Desde un punto de vista fisiológico, la melatonina se sintetiza a partir del aminoácido esencial triptófano mediante el neurotransmisor serotonina, y la producción endógena de melatonina comienza a los 3-4 meses de edad y aumenta progresivamente a lo largo de la infancia.
4. Clasificación de los trastornos del sueño pediátricos frecuentes
4.1 Insomnio conductual y disomnias
El trastorno obsesivo-compulsivo, la ansiedad, la depresión y las alteraciones psicofisiológicas pueden provocar insomnio. El consumo indebido de sustancias y ciertos fármacos, como la fluoxetina, también podrían influir.
4.2 Parasomnias
Las parasomnias del sueño no REM suelen ocurrir en la transición de las etapas más profundas hacia las más ligeras del sueño, aproximadamente 2 a 3 horas después del inicio del sueño. El niño se despierta agitado y confundido, o camina mientras duerme, sin recordar el episodio a la mañana siguiente. La mayoría se resuelven espontáneamente en el transcurso de unos meses. Cuando las parasomnias no REM se vuelven problemáticas, con frecuencia un trastorno subyacente, como la respiración alterada durante el sueño o el síndrome de piernas inquietas, está desencadenando despertares parciales.
4.3 Respiración alterada durante el sueño y apnea obstructiva del sueño
A nivel mundial, se estima que la apnea obstructiva del sueño (AOS) afecta aproximadamente al 1-5% de los niños. Según las directrices de 2012 de la Academia Americana de Pediatría, la prevalencia de AOS en la población pediátrica es de aproximadamente el 1,2-5,7%. La declaración de 2016 de la Sociedad Respiratoria Europea, que hace referencia a un metaanálisis de estudios publicados, informa una prevalencia de AOS que oscila entre el 0,1% y el 13%, y en la mayoría de los estudios se observa una frecuencia de entre el 1% y el 4%.
4.4 Trastornos del ritmo circadiano
El síndrome de fase de sueño retrasada suele comenzar en la adolescencia, principalmente en varones. Los pacientes son habitualmente incapaces de conciliar el sueño antes de las 2 o 3 de la madrugada y prefieren despertar a media mañana o principios de la tarde. Muestran una cantidad y calidad de sueño normales cuando se les permite dormir libremente, pero presentan una somnolencia intensa cuando deben ajustarse a horarios de sueño-vigilia más convencionales. Una mayor probabilidad de presentar HLA DR1 y la ocasional agrupación familiar del síndrome de fase de sueño retrasada sugieren una predisposición genética.
4.5 Síndrome de piernas inquietas (SPI) y trastorno del sueño inquieto
Los estudios poblacionales estiman una alta prevalencia de 2-4% para el SPI pediátrico, que supera a la de otros trastornos infantiles frecuentes, como la diabetes pediátrica (<1%) y los trastornos convulsivos (~0,5%). Aproximadamente un tercio de los niños se ven afectados por síntomas de SPI de moderados a graves, que repercuten en el sueño y en el funcionamiento diurno.
El síndrome de piernas inquietas pediátrico, un trastorno neurológico del sueño caracterizado por una necesidad incómoda de mover las piernas en reposo, está presente en el 1,9% de los niños en encuestas de población pediátrica general y en el 5,9% de los pacientes en centros pediátricos del sueño. Además, las piernas inquietas se reportan como un diagnóstico comórbido en el 12% al 35% de los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
5. Factores contribuyentes y asociados
5.1 Factores del desarrollo y fisiológicos
La evidencia sobre la etiología de los trastornos del sueño en los niños es, en general, limitada; sin embargo, la proporción de movimiento ocular rápido (REM — sueño activo) es mayor en los bebés que en los adultos. El REM se asocia frecuentemente con despertares, y los bebés con un trastorno del sueño a menudo necesitan asistencia para volver a dormirse después de dichos despertares.
La duración, la calidad y la arquitectura del sueño cambian a lo largo de la vida, particularmente en los primeros 5 años, con un impacto significativo en el cerebro en desarrollo.
5.2 Trastornos del neurodesarrollo
Los niños en edad preescolar y escolar tenían más probabilidades de recibir un diagnóstico de trastorno del sueño que los pacientes de otros grupos de edad, y el ingreso familiar, los parámetros de crecimiento (circunferencia cefálica e IMC) y los trastornos del desarrollo comórbidos (TEA y TDAH) también se relacionaron con la probabilidad de que un paciente recibiera un diagnóstico de trastorno del sueño.
La prevalencia de los trastornos del sueño tiende a ser aún mayor en niños con discapacidades físicas o de aprendizaje: aproximadamente el 86% de los niños de hasta 6 años, el 81% de los niños de 6 a 11 años y el 77% de los niños de 12 a 16 años con discapacidades físicas o de aprendizaje padecen problemas graves de sueño.
5.3 Factores anatómicos
La hipertrofia adenotonsilar, los trastornos neuromusculares y las anomalías craneofaciales, como la retrognatia, la hipoplasia maxilar y la macroglosia, son factores predisponentes importantes. Pueden coexistir múltiples factores predisponentes, como se observa en el síndrome de Down.
También existe un fenotipo "congénito-estructural" caracterizado por una alta prevalencia de AOS, que aparece desde las primeras edades de la vida, respaldado por anomalías morfoestructurales o cambios craneofaciales asociados con síndromes genéticos como el síndrome de Pierre Robin, el síndrome de Prader-Willi, la acondroplasia y el síndrome de Down. Los trastornos neuromusculares y los trastornos por depósito lisosomal también se acompañan frecuentemente de una alta prevalencia de AOS en todas las edades de la vida. El reconocimiento temprano y el tratamiento adecuado son cruciales para evitar morbilidades neurocognitivas, cardiovasculares y metabólicas importantes.
5.4 Deficiencia de hierro
Aunque la fisiopatología del trastorno del sueño inquieto no está completamente establecida, la investigación actual señala a la deficiencia de hierro como uno de los principales mecanismos contribuyentes. Estudios iniciales demostraron que los niños con trastorno del sueño inquieto presentaban niveles bajos de ferritina. En promedio, se encontró que los niños con trastorno del sueño inquieto tenían niveles de ferritina de alrededor de 20 ng/dL. Se ha identificado la deficiencia de hierro cerebral sin anemia en pacientes con síndrome de piernas inquietas, definida como niveles de ferritina inferiores a 50 ng/dL.
Una deficiencia en las reservas de hierro cerebral resulta en una reducción de la producción de dopamina y en la expresión clínica del SPI. Las reservas de hierro cerebral no se pueden cuantificar directamente con fines clínicos, pero pueden evaluarse indirectamente midiendo la ferritina sérica.
6. Nutrientes, hierbas e ingredientes naturales
6.1 Melatonina
Evidencia científica
La melatonina es una hormona producida por la glándula pineal y está disponible sin receta para tratar problemas de sueño en la población pediátrica. Se realizó una revisión sistemática de ensayos clínicos aleatorizados (ECA) en MEDLINE; seis estudios cumplieron los criterios de inclusión. Los ECA se llevaron a cabo en pacientes de dos a dieciocho años de edad con un diagnóstico según el DSM-IV de trastorno del espectro autista (TEA) y/o TDAH, tanto en ECA a corto plazo como a largo plazo, con estudios que abarcaron desde ocho semanas hasta 52 semanas.
La diferencia media en el trastorno del sueño de los niños mostró una mejora estadísticamente significativa en la duración del sueño y en la latencia de inicio del sueño en comparación con el placebo. En general, se observó una tasa de respuesta alta en el grupo de melatonina en comparación con el placebo en el tratamiento de los problemas de sueño en niños.
En dos ensayos aleatorizados pequeños en niños y adolescentes con dermatitis atópica, la suplementación con melatonina mostró resultados positivos. En el primer ensayo, 48 niños con dermatitis atópica presentaron una mayor reducción en la gravedad de su afección y un menor tiempo para conciliar el sueño al tomar melatonina (3 mg) en comparación con placebo; no se reportaron efectos secundarios. El segundo ensayo, que incluyó a 70 niños de 6 a 12 años, encontró que quienes tomaban melatonina (6 mg) presentaron mayores mejoras en su afección cutánea y en la calidad del sueño en comparación con los que recibieron placebo, con niveles más bajos de IgE sérica total y una mayor duración del sueño, sin eventos adversos reportados.
Evidencia de baja certeza respalda un efecto moderado de la melatonina en el tratamiento de los parámetros de continuidad del sueño en niños y adolescentes con insomnio crónico debido principalmente a trastornos médicos. El uso no autorizado (fuera de indicación) de melatonina para estos pacientes nunca debería ser la primera opción de tratamiento, pero puede ser considerado por especialistas médicos con conocimiento del trastorno subyacente y si las intervenciones no farmacológicas resultan inadecuadas.
La melatonina parece ser eficaz para tratar el insomnio crónico en niños con TDAH, pero parece tener efectos mínimos en la reducción de los síntomas centrales del TDAH.
Solidez de la evidencia: Evidencia moderada procedente de múltiples ECA respalda el efecto de la melatonina en la latencia de inicio del sueño y el tiempo total de sueño, particularmente en niños con trastornos del neurodesarrollo. La evidencia en niños neurotípicos es más limitada. Los resultados en poblaciones con TEA/TDAH no pueden generalizarse a niños con otras enfermedades psiquiátricas.
6.2 Hierro
Evidencia científica
Se considera que la deficiencia de hierro es importante en la fisiopatología del síndrome de piernas inquietas (SPI), pero los estudios que miden los efectos de la suplementación con hierro sobre los síntomas del SPI han arrojado resultados mixtos. Los investigadores evaluaron la relación entre los síntomas del SPI y la ferritina sérica en una cohorte de pacientes pediátricos, y midieron los efectos de la suplementación oral con hierro sobre los niveles de ferritina y los síntomas del SPI. Encontraron que mejorar los niveles bajos de ferritina sérica mejoró modestamente los síntomas del SPI en algunos niños, pero no condujo a una mejora estadísticamente significativa en los niños con SPI definido.
Quienes respondieron a la suplementación oral con hierro mostraron una mejora en los síntomas, así como un aumento en el nivel de ferritina, ya desde los 2-3 meses posteriores a la suplementación.
Actualmente no existe evidencia de investigación definitiva sobre la eficacia del hierro en la mayoría de los niños con SPI. Se podría probar una dosis de 3 mg a 6 mg de hierro elemental por kg al día durante tres meses si el nivel de ferritina es <50 µg/L. También se recomiendan la higiene del sueño y las estrategias conductuales. La suplementación con hierro debería ser segura en ausencia de trastornos del metabolismo del hierro, siempre que se monitoreen la saturación de transferrina y los niveles de ferritina antes y después del tratamiento.
Solidez de la evidencia: Preliminar y mixta. La evidencia proveniente de estudios de cohorte y retrospectivos respalda la relación entre la ferritina baja y el sueño inquieto/SPI en niños; sin embargo, los ensayos de intervención controlados que demuestren una mejora consistente y significativa siguen siendo limitados.
6.3 Magnesio
Evidencia científica
La melatonina se sintetiza enzimáticamente mediante la acción secuencial de cuatro enzimas y requiere magnesio (Mg) y vitaminas del grupo B como cofactores. Esto posiciona al magnesio como un nutriente de relevancia bioquímica para la síntesis de la hormona del sueño.
Tras 12 semanas de consumo de una combinación de ácidos grasos omega-3 y omega-6, así como magnesio y zinc, la mayoría de los sujetos en una cohorte observacional mostraron una reducción considerable de los síntomas de déficit de atención e hiperactividad/impulsividad. La evaluación reveló menos problemas emocionales y también una reducción de los trastornos del sueño. Los problemas para conciliar el sueño, en particular, disminuyeron durante las 12 semanas de terapia nutricional. Se trató de un estudio de cohorte observacional con 810 niños de 5 a 12 años, lo cual limita la inferencia causal.
La melatonina, el magnesio y el zinc se han estudiado por sus posibles funciones en la regulación del sueño, pero se necesita más investigación para establecer su uso óptimo en el tratamiento del insomnio.
Solidez de la evidencia: Preliminar. El papel del magnesio en el sueño pediátrico se ha examinado principalmente en estudios de suplementos combinados e investigación mecanicista (como cofactor), no en ECA pediátricos aislados. La evidencia es insuficiente para establecer una eficacia independiente en niños.
6.4 Zinc
Evidencia científica
El zinc es un cofactor de enzimas importantes para la estabilización de la membrana celular y en el metabolismo de neurotransmisores, melatonina y prostaglandinas.
La suplementación con hierro y zinc puede tener beneficios en la reducción de los síntomas en niños con deficiencia o con alto riesgo de padecerla. Faltan datos que demuestren la eficacia del hierro, el zinc o el magnesio en poblaciones sin deficiencia nutricional.
Solidez de la evidencia: Preliminar y en gran medida indirecta. La relevancia del zinc para el sueño en niños se deriva principalmente de su papel como cofactor en el metabolismo de la melatonina, y de estudios de suplementos combinados. Los ensayos de intervención con zinc aislado en el sueño pediátrico aún no están establecidos.
6.5 Ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA)
Evidencia científica
Estudios recientes sugieren que los ácidos grasos omega-3 podrían mejorar el sueño en niños con deficiencias clínicas del sueño. Los omega-3 también podrían desempeñar un papel en la producción de melatonina y la función neuronal, lo que podría favorecer el inicio y el mantenimiento del sueño, aunque se necesita más investigación para comprender plenamente esta relación.
Un estudio de cohorte observacional monitoreó a 810 niños de 5 a 12 años de edad remitidos para recibir ayuda médica y a quienes un médico les recomendó consumir ácidos grasos poliinsaturados (AGPI) en combinación con zinc y magnesio durante un período de al menos 3 meses. El suplemento alimenticio utilizado contenía una combinación de ácidos grasos omega-3 y omega-6, así como magnesio y zinc. El objetivo del estudio fue evaluar los efectos nutricionales de la combinación de AGPI-zinc-magnesio sobre los síntomas de déficit de atención, impulsividad e hiperactividad, así como sobre los problemas emocionales y los parámetros relacionados con el sueño.
Solidez de la evidencia: De preliminar a moderada. La mejor evidencia pediátrica disponible proviene de diseños observacionales y de suplementos combinados, en lugar de ECA de omega-3 aislados que se centren específicamente en el sueño. No se puede excluir la confusión debida a nutrientes coadministrados.
6.6 Triptófano
Evidencia científica
El triptófano es un aminoácido esencial que actúa como precursor en la síntesis de serotonina y melatonina, dos neurotransmisores implicados en la regulación del sueño. La serotonina desempeña un papel clave en el estado de ánimo, la ansiedad y los ciclos de sueño-vigilia, mientras que la melatonina regula el horario del sueño y la vigilia.
La serotonina se produce exclusivamente a partir del triptófano de la dieta, pero solo una pequeña parte (1-2%) de este triptófano dietético se convierte en melatonina a través de la vía de la serotonina.
Las fuentes dietéticas de triptófano incluyen las aves de corral, los huevos, el queso, los frutos secos y las semillas.
Solidez de la evidencia: La vía triptófano-serotonina-melatonina es una bioquímica bien establecida. La evidencia clínica de ensayos controlados que examinen específicamente la suplementación con triptófano para el sueño en niños es escasa; la mayoría de los hallazgos relevantes se refieren a adultos o se extrapolan de la investigación sobre patrones dietéticos.
6.7 Cereza ácida (Prunus cerasus)
Uso tradicional
La cereza ácida se ha utilizado como alimento tradicional en las culturas europeas y norteamericanas; su uso específico como ayuda para el sueño es relativamente moderno y surge de análisis fitoquímicos más que de una tradición prescientífica extendida.
Evidencia científica
Algunos alimentos que son fuentes particularmente ricas en melatonina incluyen frutas y frutos secos, específicamente las cerezas ácidas, los tomates, las fresas, las almendras y las nueces. Las cerezas ácidas son de particular interés en la investigación del sueño porque contienen triptófano, serotonina y melatonina.
En todos los estudios clínicos disponibles sobre el jugo de cereza ácida y el sueño, la dosis de tratamiento administrada a los participantes correspondía a 200-300 g de cerezas frescas al día, cuyo contenido de melatonina y triptófano se estima en 0,27-0,40 µg y 18-27 µg respectivamente. Es poco probable que los beneficios observados del jugo de cereza ácida en diversos componentes de la salud del sueño resulten directa y exclusivamente del aporte de estos compuestos específicos. Se requieren más investigaciones sobre posibles mecanismos alternativos y/o complementarios. No obstante, la suplementación crónica con jugo de cereza ácida parece ser una estrategia dietética segura y potencialmente eficaz para favorecer un sueño reparador.
Solidez de la evidencia: Preliminar en adultos; la cereza ácida no se ha estudiado en ensayos pediátricos controlados sobre el sueño. Los datos en adultos son prometedores, pero las dosis de melatonina contenidas en la fruta son farmacológicamente pequeñas en comparación con las dosis de suplementos. La extrapolación a niños debe realizarse con precaución.
6.8 Valeriana (Valeriana officinalis)
Uso tradicional
La raíz de valeriana tiene una larga historia de uso en la medicina herbal europea como sedante y tónico nervino, documentada a lo largo de la herbolaria europea medieval y, de manera más formal, en las farmacopeas botánicas alemanas y británicas de los siglos XVIII y XIX. Tradicionalmente se ha preparado como una decocción o tintura de la raíz seca para la inquietud nerviosa y la dificultad para dormir tanto en adultos como en niños.
Evidencia científica
La valeriana y la lavanda fueron los extractos vegetales más frecuentemente estudiados, y su uso se ha asociado —con resultados contradictorios— a efectos ansiolíticos y mejoras en la calidad y duración del sueño.
Ciertos suplementos, en particular la valeriana, el lúpulo y la melatonina, podrían ser eficaces para mejorar la calidad del sueño y reducir los síntomas de insomnio mediante la modulación de los sistemas de neurotransmisores y la regulación de los ciclos de sueño-vigilia.
En un estudio observacional multicéntrico y prospectivo realizado en 2008 con 115 niños de entre 6 y 12 años, se investigó en qué medida una combinación fija de extractos vegetales puede ayudar a niños que sufren de agitación nerviosa. Las evaluaciones de los padres mostraron una mejora notable en los niños que presentaban problemas de atención, retraimiento social y/o ansiedad/depresión. Según las evaluaciones de los médicos, entre el 81,6% y el 93,9% de los niños afectados no presentaban síntomas o presentaban solo síntomas leves al final del período de observación, en relación con nueve de los trece síntomas evaluados, incluidos los problemas de sueño. Los extractos vegetales se obtuvieron de la hierba de hipérico (hierba de San Juan), la raíz de valeriana y la hierba de pasiflora.
Solidez de la evidencia: Débil a moderada, y basada en gran medida en productos herbales combinados. El diseño combinado de los estudios pediátricos existentes hace imposible atribuir los efectos observados a la valeriana por sí sola. Los datos de ECA en adultos muestran resultados contradictorios. La evidencia en niños se limita a estudios observacionales.
6.9 Manzanilla (Matricaria recutita / Chamaemelum nobile)
Uso tradicional
La manzanilla se ha utilizado como hierba calmante y promotora del sueño en la medicina tradicional europea y mediterránea durante siglos, típicamente preparada como una infusión caliente (té) de las cabezas florales secas. Tiene una historia bien documentada de uso para la inquietud infantil y la dificultad para dormir en las tradiciones herbales alemana y británica, así como en las monografías de la Comisión E.
Evidencia científica
La manzanilla es uno de los tés de hierbas más estudiados para la relajación nocturna. El flavonoide apigenina podría activar vías calmantes sin causar una sedación intensa.
Aunque ciertos suplementos, como la valeriana, el lúpulo y el kava, han mostrado resultados prometedores en ensayos clínicos, otros suplementos, como la manzanilla alemana y la cereza, han mostrado una evidencia limitada que respalde su eficacia.
Solidez de la evidencia: Muy limitada específicamente en niños. La mayor parte de la evidencia sobre la manzanilla proviene de estudios en adultos o modelos animales. No se han identificado ECA sólidos en poblaciones pediátricas. Su uso tradicional en niños tiene una larga trayectoria, pero la evidencia científica actualmente no respalda de manera independiente las afirmaciones sobre su eficacia.
6.10 Pasiflora (Passiflora incarnata)
Uso tradicional
La pasiflora se ha utilizado en las tradiciones indígenas de Norteamérica y, posteriormente, en la fitomedicina europea como tónico nervino y sedante suave, administrada típicamente como té o extracto líquido. En la herbolaria tradicional europea, se ha indicado para la inquietud nerviosa, la ansiedad y el insomnio.
Evidencia científica
La pasiflora podría potenciar la actividad del GABA en el cerebro, lo cual se propone como uno de sus mecanismos de apoyo al sueño.
Un estudio mostró que una composición de valeriana, pasiflora y lúpulo mejoró el tiempo total de sueño, la latencia del sueño, el número de despertares nocturnos y el índice de gravedad del insomnio. Este estudio se realizó en adultos.
En el estudio observacional pediátrico mencionado anteriormente, se evaluó la seguridad y la eficacia de una combinación herbal fija que contenía hipérico, valeriana y pasiflora en el tratamiento de la agitación nerviosa debida a trastornos afectivos en niños de entre 6 y 12 años. Tras más de 40 años de experiencia con estos extractos vegetales, los investigadores plantearon la hipótesis de un impacto positivo de la combinación en los niños con agitación nerviosa.
Solidez de la evidencia: Preliminar. La evidencia en adultos es limitada y proviene en gran medida de productos combinados. No se han identificado ECA pediátricos dedicados específicamente a la pasiflora. El estudio observacional combinado proporciona evidencia de apoyo débil en niños, confundida por las hierbas coadministradas.
6.11 Lavanda (Lavandula angustifolia)
Uso tradicional
La lavanda se ha utilizado a lo largo de la medicina tradicional mediterránea y europea durante siglos, principalmente como agente aromaterapéutico para promover la relajación y el sueño. Sus aplicaciones han incluido la colocación de bolsitas cerca de las áreas de descanso, los baños aromáticos y las infusiones. Su uso para la inquietud infantil y el insomnio se describe en registros herbales tradicionales europeos.
Evidencia científica
La lavanda estuvo entre los extractos vegetales más frecuentemente estudiados, y su uso se ha asociado —con resultados contradictorios— a efectos ansiolíticos y mejoras en la calidad y duración del sueño.
Muchos estudios están limitados por un número reducido de participantes y, en algunos casos, por un diseño inadecuado y un uso escaso de mediciones objetivas. Como se señala en un metaanálisis sobre el uso de lavanda para las alteraciones del sueño, a menudo se utiliza una amplia gama de dosis y tipos de preparaciones, y la mayoría de los métodos de medición están abiertos a interpretación.
Solidez de la evidencia: Preliminar y contradictoria. Los estudios en adultos muestran resultados mixtos. La evidencia controlada en niños es prácticamente inexistente. La lavanda aromaterapéutica se encuentra entre las intervenciones mencionadas en la literatura sobre el sueño infantil, pero faltan ensayos pediátricos sólidos.
6.12 Melisa (Melissa officinalis)
Uso tradicional
La melisa se ha utilizado en la medicina herbal tradicional europea como hierba calmante y favorecedora del sueño durante siglos, comúnmente preparada como té o combinada con otras hierbas como la valeriana y la manzanilla. Su uso en niños para la inquietud nerviosa y el insomnio está documentado en la literatura de la Comisión E alemana.
Evidencia científica
Los extractos vegetales más comúnmente utilizados para el insomnio incluyen la valeriana, la manzanilla y la lavanda, y la melisa se estudia con frecuencia en fórmulas combinadas. La pasiflora y la melisa funcionan bien juntas cuando la alteración del sueño está vinculada al estrés o a la inquietud mental, según la práctica herbal tradicional. Los ensayos controlados independientes de la melisa específicamente en niños aún no están establecidos en la literatura.
Solidez de la evidencia: La evidencia se limita principalmente a estudios de productos combinados en adultos y descripciones de uso tradicional. No se han identificado ECA pediátricos aislados de alta calidad.
7. Factores dietéticos y nutricionales
7.1 La vía triptófano-serotonina-melatonina y la dieta
Una dieta saludable rica en fuentes alimentarias de triptófano, serotonina o melatonina puede favorecer un sueño de buena calidad. El correcto funcionamiento del ciclo de sueño-vigilia se ve favorecido por la melatonina, sintetizada exclusivamente a partir del triptófano dietético a través de la serotonina, obtenida de los alimentos ingeridos. La melatonina se sintetiza enzimáticamente mediante la acción secuencial de cuatro enzimas y requiere magnesio y vitaminas del grupo B como cofactores.
7.2 Deficiencia de micronutrientes y sueño
Las deficiencias de micronutrientes, particularmente de hierro y zinc, se han vinculado con la deficiencia de sueño, los despertares nocturnos frecuentes y una menor duración total del sueño.
7.3 Horario de las comidas y ritmos circadianos
La investigación ha explorado cómo el horario de las comidas puede influir en el sistema circadiano del cuerpo. Se sabe que el horario de las comidas regula el sistema circadiano humano. Se ha propuesto que las comidas altas en calorías al final de la noche y los patrones alimentarios irregulares interactúan con la regulación del sueño-vigilia, aunque los datos de intervención pediátrica dedicados al horario de las comidas son limitados.
7.4 Consumo de cafeína en niños
El consumo excesivo de cafeína proveniente de diferentes fuentes dietéticas coexiste con comportamientos alimentarios y de estilo de vida poco saludables y con problemas de sueño.
Los niños que ven más televisión pueden dormir menos, experimentar fatiga y estar más expuestos a la publicidad relacionada con alimentos, y pueden tener hábitos alimentarios poco saludables; estos factores podrían motivar un mayor consumo de alimentos y/o bebidas con cafeína.
8. Factores del estilo de vida
8.1 Tiempo frente a pantallas
La reducción de la actividad física y el aumento del tiempo frente a pantallas afectan negativamente el sueño de los niños mayores. Una revisión sistemática encontró que la reducción de la actividad física y el aumento del tiempo frente a pantallas afectan negativamente el sueño de los niños mayores, y examinó la asociación entre el tiempo frente a pantallas/los comportamientos de movimiento y los resultados del sueño en bebés, niños pequeños y niños en edad preescolar.
8.2 Actividad física
Los enfoques actuales de prevención e intervención para abordar los problemas de sueño infantil incluyen la nutrición, el ejercicio, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, la aromaterapia, la acupresión y la atención plena (mindfulness).
8.3 Higiene circadiana y factores conductuales
Los niños duermen menos de lo que dormían hace un siglo. A pesar de la contundente evidencia que respalda el papel vital de un sueño saludable en la maduración cerebral, el crecimiento somático, el procesamiento de la información, la consolidación de la memoria, el aprendizaje y otras funciones neuroconductuales importantes, los padres y los profesionales a menudo tratan el sueño como un bien negociable.
Las bajas tasas de prevalencia general de trastornos del sueño diagnosticados en la atención primaria pueden atribuirse a una combinación de factores, entre ellos que los proveedores de atención primaria no preguntan sobre el sueño y que los padres no reportan problemas de sueño significativos.
8.4 Obesidad y sueño: una relación bidireccional
El sueño inadecuado afecta la regulación de los sistemas homeostáticos y hormonales que sustentan el crecimiento somático, la maduración y la bioenergética. Por lo tanto, las evaluaciones del estilo de vida obesogénico, incluidos los factores dietéticos y de actividad física, deben combinarse con una evaluación precisa de la calidad y la cantidad del sueño, y de la coexistencia de apnea del sueño.
Los indicadores de sueño poco saludable, como el sueño corto o muy largo, el sueño fragmentado, los síntomas de insomnio y la somnolencia diurna, son predictores sólidos de obesidad en la literatura pediátrica.
Referencias
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Remedios Naturales
Ingredientes
- 5-HTP (5-hidroxitriptófano)Científico
El 5-HTP cuenta con evidencia clínica específica en niños para reducir las parasomnias del sueño NREM (terrores nocturnos). Un ensayo clínico controlado en 45 niños con terrores nocturnos encontró que el 5-HTP en dosis de 2 mg/kg/día antes de dormir redujo significativamente los síntomas en comparación con la ausencia de tratamiento, con beneficios sostenidos en el seguimiento a los 6 meses. Actúa como precursor directo de la serotonina, previo a la síntesis de melatonina.
- Griffonia simplicifoliaCientífico
Las semillas de Griffonia simplicifolia son la principal fuente natural vegetal de 5-HTP, que se ha utilizado en estudios clínicos pediátricos para los terrores nocturnos y las parasomnias NREM. El 5-HTP derivado de Griffonia, en dosis de 2 mg/kg/día, redujo significativamente la frecuencia de los terrores nocturnos en un ensayo pediátrico controlado. Griffonia es la fuente botánica estándar de 5-HTP en los suplementos para el sueño.
- hierroCientífico
La deficiencia de hierro está directamente relacionada con los trastornos pediátricos del sueño-vigilia, incluidos el síndrome de piernas inquietas (SPI), el trastorno de movimientos periódicos de las extremidades (TMPE) y el trastorno de sueño inquieto. La evidencia clínica de clínicas pediátricas del sueño demuestra que la suplementación con hierro mejora el sueño en niños con deficiencia de hierro que presentan estas afecciones, y el 73% de los niños en un estudio institucional mostró mejoría en al menos un síntoma del sueño.
- L-theanineCientífico
La L-teanina ha sido estudiada específicamente en niños en un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo. En 98 niños de 8 a 12 años con TDAH, 400 mg/día durante 6 semanas mejoraron la eficiencia del sueño y el porcentaje de sueño medidos por actigrafía en comparación con el placebo. La evidencia en niños se limita a este único ensayo pediátrico; la evidencia en adultos es más extensa.
- L-tryptophanCientífico
El L-triptófano cuenta con evidencia clínica para el tratamiento de las parasomnias NREM pediátricas. Un análisis retrospectivo de 165 niños de entre 3 y 18 años con parasomnia primaria encontró que el 84% de quienes tomaban L-triptófano (dosis media de 2400 mg/día) mejoraron, frente al 47% de los controles no tratados (p<0.001). También se utiliza para promover el sueño en niños en los que los hipnóticos estándar se consideran inapropiados.
- lavandaCientífico
La aromaterapia con lavanda ha sido estudiada en niños con trastorno del espectro autista para la mejora del sueño. Un ensayo clínico administró aceite de lavanda al 2% mediante aromaterapia (masaje en pies y piernas) a 12 niños en edad escolar con TEA, midiendo la latencia de inicio del sueño, la duración y los despertares nocturnos. La lavanda también se usa extensamente en las rutinas tradicionales de la hora de dormir pediátricas a nivel mundial.
- melisaCientífico
La toronjil (Melissa officinalis), estudiada principalmente en combinación con valeriana en niños, mostró una mejoría en la disomnia en el 80.9% de 918 niños menores de 12 años. Un estudio abierto de 2013 encontró que una formulación con extracto de toronjil al 80% redujo la disomnia en un 70% y la inquietud en un 68% después de 7 semanas en niños. Actúa mediante mecanismos GABAérgicos al inhibir la GABA transaminasa.
- MelatoninaCientífico
La melatonina es el suplemento con mayor respaldo científico para los trastornos del sueño en niños. Múltiples ECA y revisiones sistemáticas demuestran que reduce la latencia de inicio del sueño y aumenta el tiempo total de sueño en niños con trastornos del neurodesarrollo, TDAH, trastorno del espectro autista y trastorno de la fase de sueño-vigilia retrasada. Un metaanálisis de 2023 publicado en Lancet (9 estudios) encontró que la melatonina redujo la latencia del sueño en aproximadamente 15 minutos y aumentó el tiempo total de sueño en aproximadamente 19 minutos en poblaciones pediátricas.
- Raíz de valerianaCientífico
La raíz de valeriana, estudiada principalmente en niños en combinación con melisa (bálsamo de limón), mostró una mejora en las alteraciones del sueño en el 80.9% de 918 niños menores de 12 años en un amplio estudio observacional, con excelente tolerabilidad y sin eventos adversos relacionados con la medicación durante 4 semanas. Un estudio observacional de 2014 realizado en 169 niños de escuela primaria también mostró mejoras altamente significativas en el sueño, según la evaluación de los padres.
- Amapola de CaliforniaTradicional
Múltiples pueblos indígenas de California documentaron el uso de la amapola de California específicamente para calmar y sedar a los niños. La Nación Ohlone Costanoan Esselen colocaba flores debajo de las almohadas para ayudar a los niños a dormir; la tribu Cahuilla utilizaba infusiones de raíz como sedante para lactantes. El HMPC de la EMA y las autoridades regulatorias francesas (Cahiers de L'Agence No. 3, 1998) incluyen explícitamente a los niños en las indicaciones tradicionales para trastornos menores del sueño y alteraciones neurotónicas. No existen ensayos clínicos pediátricos dedicados.
- manzanillaTradicional
La manzanilla (Matricaria chamomilla) tiene una extensa historia de uso tradicional para la inquietud, los cólicos, la irritabilidad y las dificultades para dormir en niños. Sus efectos sedantes leves se atribuyen a la unión de la apigenina a los receptores de benzodiazepinas. Faltan ECA pediátricos robustos sobre resultados relacionados con el sueño, pero la manzanilla es reconocida de manera consistente como un ayudante tradicional a base de hierbas seguro para el sueño en niños.
- jujubeTradicional
Las semillas de azufaifo (Ziziphus jujuba) se han utilizado en la medicina tradicional de Asia Oriental durante más de 2,000 años para tratar el insomnio y la ansiedad. Estudios preclínicos demuestran que los compuestos bioactivos espinosina y jujubósidos modulan los receptores GABA-A y serotonina 5-HT1A, promoviendo el inicio del sueño. Los datos clínicos en adultos respaldan la reducción de la latencia del sueño; no existen ensayos clínicos pediátricos dedicados.
- magnesioTradicional
El magnesio se utiliza ampliamente de manera tradicional para favorecer el sueño en niños debido a su papel bien establecido en la activación de los receptores GABA, la producción de melatonina y la relajación del sistema nervioso. La evidencia directa de ECA pediátricos sobre el insomnio es limitada, pero existe evidencia de que puede ayudar a los niños con síndrome de piernas inquietas. Los mecanismos plausibles están respaldados por datos de ensayos clínicos en adultos que muestran mejoras en la calidad y la eficiencia del sueño.
- pasifloraTradicional
La pasiflora (Passiflora incarnata) tiene uso tradicional para la ansiedad, la inquietud y las dificultades del sueño en niños, y se incluye con frecuencia en formulaciones herbales pediátricas para el sueño. Sus efectos calmantes están mediados por interacciones con los receptores GABA-A a través de la crisina y flavonoides relacionados. Los datos directos de ECA sobre el sueño pediátrico son limitados; la evidencia se sustenta en ensayos con adultos y en la aplicación tradicional en productos herbales combinados para niños.